12 años sin ver a sus dos nietas por la inacción de un juez

El Estado tendrá que pagar 50.000 euros a unos abuelos que no han podido ver a sus dos nietas durante 12 años porque el juez no ejecutó la sentencia que les daba derecho a visitarlas al menos una vez cada 15 días. La madre se negó, reiteradamente. Y el magistrado no hizo nada para cambiarlo.

Otro magistrado ha dado la razón ahora a los abuelos y ha condenado al Estado como responsable patrimonial de la inacción del juez. O sea, que lo pagamos todos los contribuyentes. Viene bien recordar que un buen juez debe servir, tener empatía con las partes en litigio, conocer la Ley, anticiparse a los imprevistos, tener carácter, gastar sensatez y tener orden… ¿Qué le ha faltado a ese juez que ha dejado sin ver a sus nietas a unos abuelos con sentencia favorable? Orden, como mínimo. Y empatía y servicio.

El buen juez tiene compromiso real con los ciudadanos. El buen juez es sensible a la indignación justificada del litigante que no obtiene respuesta de la justicia durante años. El buen juez motiva sus resoluciones. Aunque su carga de trabajo sea abrumadora, el buen juez se anticipa con eficacia a los imprevistos. El buen juez debe ser un obseso del orden: tenerlo todo bajo su control. El buen juez se guía por su sentido de la Justicia, sin reparar en enemistades ni peligros. Y el buen juez actúa con sensatez, casi siempre en sentido contrario al rebaño. ¿Y entonces?

Margarita y Ramón tienen 76 años y viven en un municipio de Tarragona. Tras litigar durante 12 años ahora la Audiencia Nacional les ha dado la razón. No les compensa. En la batalla legal las niñas han crecido mucho, tienen 16 y 18 años de edad.

En el año 2018 hubo casi 100.000 divorcios, separaciones y nulidades. El divorcio de los padres de las niñas atrás parecía uno más cuando el caso llegó a un juzgado de Cataluña en los 2000. Por resumir: la madre pedía una pensión de 700 euros al mes. El padre ofrecía 200. El juez de familia decretó 400. La madre denunció al padre por presunto abuso a una de las niñas y otro juez ordenó el alejamiento del progenitor y diligencias penales.

Ocho años más tarde el padre fue absuelto de los cargos y la Audiencia de Tarragona dejó constancia de que la denuncia de la madre había sido “seriamente inquietante”. El caso es que el padre estuvo ocho años sin ver a las niñas. Y una vez absuelto las hijas se negaron a verle. Tampoco veían a los abuelos, como ahora hemos sabido.

Ni el progenitor ni los abuelos han podido estar con las niñas desde el año 2007.

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