Adiós, reacciones automáticas

Un hombre estaba en la calle, agachado, buscando algo debajo de un farol. Un policía que pasaba por allí le preguntó: “¿Qué está haciendo?”. “Estoy buscando las llaves del coche”, respondió el hombre, que parecía estar un poco borracho. “¿Se le cayeron aquí?”, siguió el agente. “No, se me cayeron en el callejón”, fue la respuesta del hombre. Al ver la expresión de desconcierto del policía, el hombre se apresuró a explicar: “Es que aquí hay más luz”.

El psicólogo Marshall B. Rosenberg utilizaba este cuento para mostrar que nuestro condicionamiento cultural nos lleva a centrar la atención en lugares donde es improbable que encontremos lo que buscamos. Se soluciona educando la atención: en lugar de obedecer a reacciones automáticas, se trata de desarrollar respuestas conscientes a partir de lo que percibimos, sentimos y deseamos. Con ello conseguimos expresarnos con sinceridad y claridad, y prestamos una atención respetuosa y empática.

Con esa nueva manera de expresarnos y escuchar, en lugar de defendernos, huir o atacar ante los juicios y críticas de otras personas, podremos percibir a los demás y a nosotros mismos bajo una nueva luz. Cuando nos centramos en clarificar lo que observamos, sentimos y necesitamos, en lugar de diagnosticar y juzgar, descubrimos la compasión y lo profunda que es. Hay que poner el énfasis en una escucha atenta y profunda, de los demás y de nosotros mismos. Y eso redundará en un deseo de dar desde el corazón. La Comunicación No Violenta, como la llama Rosenberg, es un recordatorio constante de que debemos mantener nuestra atención en un lugar donde es más probable que encontremos lo que buscamos.

El proceso para hacerlo tiene cuatro puntos: observación, sentimiento, necesidad y petición.

1) Primero observaremos lo que ocurre en una situación: lo que dicen o hacen los demás. Actos concretos que están afectando a nuestro bienestar. ¿Sirven o no para enriquecer nuestra vida? Exprésalo sin juicio ni evaluación: es una forma de poder decir simplemente qué cosas hace la gente que nos gustan, y cuáles no.
2) Hecha la observación, comprobaremos cómo nos sentimos en relación con lo que observamos. ¿Dolidos, asustados, alegres, divertidos, irritados…?
3) Decidiremos cuáles de nuestras necesidades, valores o deseos guardan relación con los sentimientos que hemos identificado.
Y 4) Haremos una petición centrada en lo que esperamos que la otra persona haga (acciones) para enriquecer nuestra vida.

Esta forma de comunicación te servirá para comprenderte mejor a ti mismo, relacionarte de forma más profunda con tus semejantes, y hasta construir relaciones más efectivas en el ámbito profesional. Resolverás disputas y conflictos, incluso.

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