Cuando descubres que tu compañero de trabajo es un asesino y que lo ha vuelto a intentar, en Alcorcón

Paradójico: el mismo Sistema capaz de prever lo que nos gusta, lo que nos repugna y lo que vamos a votar, no es capaz de prever que quien asesinó hace 22 años volverá a matar. O, peor: quizás el Sistema sabe que volverá a hacerlo, pero actúa “como si”… pudiera reinsertar al asesino. Otra paradoja: lo sabemos todo sobre gente a la que nunca veremos en persona -el famoso de turno, por ejemplo- y desconocemos que nuestro compañero de trabajo asesinó a dos personas. Protección de datos, intimidad, ya.

Nos enteramos cuando el individuo lo intenta de nuevo, como ha pasado en la Fundación Hospital de Alcorcón esta semana. Juan José F.G. intentó asfixiar con una almohada a una paciente ingresada. La mujer salvó la vida. No tuvieron tanta suerte la anciana de 82 a la que Juan José mató hace dos décadas con un cinturón en la cama del Hospital Clínico San Carlos, ni el recluso al que asesinó dos días después en la enfermería de la prisión de Carabanchel.

El homicida fue absuelto entonces, por trastorno mental, e ingresó en un centro psiquiátrico por un tiempo no superior a los 20 años y salió a los 10. Juan José llevaba tres años trabajando en el servicio de lavandería en el Hospital Fundación Alcorcón, contratado por Ilunion, de la Fundación Once, en sus programas de integración laboral, formación y empleo para personas con discapacidad.

“Pasó todos los exámenes pertinentes para entrar a trabajar”, alegan desde la empresa. Cumplió el tiempo estimado por el juez de vigilancia penitenciaria. Las personas no aprendemos de nuestros errores más graves, a veces porque no hay oportunidad. El piloto de aviones que se equivoca lo paga con su vida y con la de su tripulación y pasajeros. El conductor de autobús que se confunde gravemente rumia su pena en el cementerio de su ciudad.

Los humanos no aprendemos de nuestros errores graves. Es el Sistema el que aprende. La Constitución Española en su artículo 25.2 dispone que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. El Ministerio del Interior concibe el tratamiento penitenciario como el conjunto de actuaciones directamente dirigidas a la consecución la reeducación y reinserción social. Con “promoción y crecimiento personal, mejora de las capacidades y habilidades sociales y laborales, y la superación de los factores conductuales o de exclusión que motivaron las conductas criminales de cada persona condenada”.

Juan José tuvo habilidades sociales y laborales como para pasar los filtros de recursos humanos de la empresa que lo contrató para la lavadería del Hospital Fundación Alcorcón y como para pasar como un compañero comprometido y cumplidor en su trabajo en tres años largos. Hasta que intentó asfixiar con una almohada a una mujer ingresada en el propio Hospital. Como 22 años atrás. Esta vez falló. Como el Sistema en su previsión.

Los comentarios en internet (en elpais.com, por un poner) muestran que entre los anónimos tampoco pinta nada bien. Humor cáustico: “Intentaba liberar la carga de la seguridad social… aplicando la eutanasia forzosa”. Ironía: “Pobre hombre, a ver si algún progresista lo acoge en su casa cuando salga de la cárcel”. La política: “Cuando los progres dejen de ser unos moñas (o sea, nunca)”, “Meter al zorro en el gallinero ahora está de moda, también en política. En Cataluña tenemos muchos ejemplos”. La comparación: “Pues no dejes de pagar una multa, tendrás peor condena que este hombre”.

La paranoia, entre los comentaristas: “La verdad a investigar es que se trata de una cadena de delincuentes denominados buscadores de herencias, seguros, inmuebles, de personas ancianas; criminales profesionales”. Y la petición en caliente: “Prisión permanente revisable, por mucho que le pese a la izquierda. Las personas peligrosas imposibles de reinsertar deben estar en la cárcel y no sueltos por las calles”.

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