Atiende a la respiración

La respiración es como un ancla para sentir el cuerpo bajo las agitaciones típicas de la mente. Sin pretender nada, solo atentos a nuestra respiración, se presentarán la calma, la relajación, la estabilidad. La agitación se quedará en la superficie.

El doctor Kabat-Zinn nos propone concentrar nuestra atención en la respiración y ver lo que sucede mientras intentamos mantenerla ahí. En sus meditaciones guiadas para pacientes con dolor crónico y distintas dolencias, el doctor incita a acercarnos a nuestra respiración como si fuera un animal tímido en el silencio de un claro del bosque.

Prestar atención es eso: atenderla. No es forzar. Ni empujar nada. Si te pasa como a mí que no habías pensado en la respiración ni un solo segundo, salvo en un esfuerzo deportivo máximo o un momento de enfermedad, la tarea te sorprenderá. Ahí estará nuestra respiración entrando y saliendo del cuerpo, como siempre. Atención en las ventanillas de la nariz: la sensación del aire al pasar. En el pecho y el abdomen, que se hinchará y deshinchará con la inspiración y la espiración, si estás relajado.
Tranquilizador

No se trata de “pensar” en la respiración. Meditar es tener conciencia de la respiración, sentir lo relacionado con ella y atender a la variedad de sus cualidades. Podemos empezar con las sensaciones en el vientre, además de en las ventanillas de la nariz o el pecho. Será tranquilizador. Centraremos la conciencia en esa zona.

Si nos concentramos en la respiración en nuestro estómago, sintonizaremos con una zona del cuerpo que está por debajo de las agitaciones de la mente pensante, que es más tranquila, “como el océano a partir de los 4 metros de profundidad: solo un suave balanceo, no como en la superficie, donde el simple viento produce oleaje”, explica el doctor Kabat-Zinn.
Paz y desenfoque

Tener conciencia de la respiración nos servirá para localizar un centro de paz en nosotros. Algo magnífico en esta era de estrés punta. Obtendremos una nueva perspectiva, al tener la mente tranquila y estable: veremos con más claridad y actuaremos desde ahí, desde el equilibrio, en lugar de hacerlo desde el oleaje y demás agitaciones mentales. El estómago es el centro de gravedad de nuestro cuerpo.
¿Ojos cerrados? No es estrictamente necesario atender a la respiración con los ojos cerrados. Podemos tenerlos abiertos pero desenfocados con la vista puesta en el suelo. Se trata de aplicar la sensibilidad: lo mismo que al comernos una pasa en atención plena: siendo conscientes de los que sentimos en cada momento.

 

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