Aula de Enlace Villaeuropa, una oportunidad para niños extranjeros recién llegados a España

En un aula específica del colegio Villaeuropa, en Móstoles, se producen de 15 a 20 “milagros” cada curso: es el número de niños de 9 a 17 años que llegan sin saber una palabra de español y salen utilizando el castellano como su lengua básica para comunicarse. Son niños que acaban de llegar a España con sus padres, desde Rusia, Marruecos, Ucrania, Rumanía y China, y que el sistema educativo madrileño acoge gracias al compromiso de colegios como el Villaeuropa. 

La herramienta se llama Aula de Enlace y el objetivo es que en un máximo de 9 meses los chicos y chicas se comuniquen en castellano como para incorporarse al aula que les corresponda por edad, desde primaria a secundaria. El día en que los visitamos, Samuel, el profesor, fue invitando a los estudiantes a leer en voz alta unos textos curiosos de caracoles cansados y herederos con sus cosas. Luego les fotocopió un texto manuscrito por él donde tenían que subrayar los artículos, encuadrar los sustantivos y rodear los verbos, y después contestar a unas preguntas, sencillas para un castellanohablante pero no tanto para unos niños chinos que, según nos cuenta Samuel, no conocen el significado de algunas palabras ni siquiera en su idioma, porque allí el aprendizaje de las palabras es más tardío que en España. 

Bizcocho y reto

Recuerda a las escuelas rurales de antaño donde niños de todas las edades aprendían lo básico con un manual. Y lo que se percibe es enriquecedor, al menos visto desde fuera. Nos cuenta el profesor que a los chinos por ejemplo les cuesta más abrirse a hablar en español, mientras que los niños rusos se lanzan a hablar aunque tengan dudas. Lo que sí hacen los chinos es aplicar su disciplina proverbial ya desde un simple texto. Somos testigos de cómo, una vez que saben que después de un artículo va un sustantivo, se ponen a detectar todos los artículos, uno por uno, y luego sin pensar rodean todas las palabras que van después. Nos lo refrenda el profesor del Villaeuropa: son disciplinados y sistemáticos y hacen cosas muy bien y a toda velocidad como cuando te sale un bizcocho siguiendo una receta, que no sabes cómo lo has conseguido pero ahí está. Los rumanos, por el contrario, destacan por su profundidad. Siempre buscan más. 

El Aula de Enlace del colegio Villaeuropa, uno de los tres que hay en Móstoles, es un reto para los profesores. Por el apañarse sobre la marcha, cuando llegan dos o tres nuevos alumnos en un momento en que la clase ya tiene un rodaje. Pues, nada, toca ponerse al fa fe fi fo fu con los nuevos, como el otros día con dos adolescentes marroquíes. A veces es una labor casi de descubrimiento, como esa dislexia que el docente sospecha muy pronto pero que hasta que no pasan las semanas no se sabe si es atribuible al idioma, a la adaptación y más. 

Complicaciones y valientes

Hay niños que en dos meses ya están listos para pasar horas de la jornada con los niños de su clase real de referencia, y empiezan por educación física y otras materias que posibiliten a los chicos y chicas socializar, que es clave. Otros tardan algo más, dependiendo de su procedencia, la edad y su situación en casa. Este año el grupo es maravilloso, dice Samuel, porque los padres están muy atentos a la tarea de los niños, y les inculcan que deben estar agradecidos. En cursos pasados, como en el momento más cruento de la guerra en Siria, las cosas fueron más complicadas, con hasta 11 niños sirios en clase y sus progenitores varones negados a colaborar en nada, hasta el extremo de no aceptar siquiera la autoridad de las mujeres docentes en el colegio Villaeuropa. 

Cada septiembre desde hace varios, Samuel se presenta a niños de Enlace, de uno en uno, mesa por mesa, y a los veteranos les invita a presentarse a todos, veteranos porque siempre hay alguno que llegó por ejemplo en mayo del curso anterior. Así le van contando si han llegado con papá y mamá a España, si tienen hermanos y poco más; lo de si les gusta España es ya una cuestión que a veces va rodada, porque los niños sienten y ven que a los padres les va un poco mejor la vida en nuestro país. El profe dicen que son unos valientes, porque han dejado a sus amigos en su país y ahí están tirando adelante, con su miedo, claro, y con su sonrisa, con su incertidumbre. 

El bocadillo y el pelo brillante

Samuel destaca el vínculo extraordinario que existe con estos niños, tanto los que se quedan después en el colegio para completar su educación, como los que se marchan porque tienen hermanos en otros centros o por la razón que sea y que vienen a visitar al profe que los recibió cuando lo desconocían todo del español. Se nota el vínculo en detalles como que quieran compartir su bocadillo del recreo contigo y sabes mucho de sus vidas, cosa que no sucede en las aulas convencionales.

El compromiso de Villaeuropa con estos niños tienen algo gratificante y algo inquietante. Gratificante por la evolución de los críos, con casos-exhalación como dos chicas que hoy están en bachillerato y que Samuel recuerda cuando entraron con miedo, herméticas y cómo se rompieron las prevenciones el día en que una de ellas, extrañada por el pelo brillante del profesor, se atrevió a palpar. ¿Inquietante? Porque se percibe que la administración autonómica regional no es muy espléndida con los recursos. 

Como espectador, uno siente la felicidad por formar parte de una ciudad acogedora como Móstoles y por el inigualable poder de adaptación de nuestros pequeños. 

Envía un comentario