Cambiar de oficio a los 62, y qué

Pedro está aprendiendo un oficio a los 62 años: jardinería. Su profesión de siempre se fue al guano como tantas. Ahora que algunos quieren reducir la lucha de clases a elegir entre Amazon simple y Amazon prime, emociona que los resistentes tengan una oportunidad. Porque mira que la vida se pone perra a veces: a Pedro se le murió su hijo de 30 años cuando las cosas le sonreían…

“Se encontraba mal, pero decían que no era nada, que sería del tabaco, que fumaba mucho”, y cosas así. El caso es que el hijo se fue de golpe. Cortocircuito. De aquellos tiempos malditos a Pedro le quedaron una tristeza silenciosa y un hábito: comer cada día con su esposa, pase lo que pase. Es su chequeo vital a la mitad del día, ver cómo está, comentar. Cuántas lágrimas, cuánta impotencia.

Cuando conocí a Pedro por su anterior oficio, vi pronto lo buena persona que es, su capacidad para escuchar, su disposición sincera. Y ese algo triste. Entonces no sabía qué era. Hablaba poco de sí mismo y tardó en salir la tragedia del hijo, aquella pena infinita. Es verdad que los humanos podemos sobrellevar las penas porque somos capaces de contar historias sobre ellas, pero empezar a mascarlo debe de ser muy duro.

Cuando conocí a Pedro estaba en el ocaso tranquilo de una profesión que le dio una buena vida. Él seguía dispuesto a resistir, pero el ocaso está empedrado de gente poco fiable, trampas y escasa suerte. Así que en el último verano aquello se terminó… ¡y llegó lo nuevo: Jardinería! “Ya me ves, aquí a los 62 aprendiendo un oficio. Y estoy feliz. Ahora hago lo que quiero”.


Quizás sea la manera un punto extravagante con que el azar quiere llevar a Pedro hacia el paraíso perdido, la vida simple por encima de todo, la armonía con la naturaleza. Él que estaba envidiando a su otro hija, que cruza océanos y no quiere amarras, que la vida puede ser sencilla.

Pue eso: que hay oportunidades, también laborales, por encima de los 60 años. En nuestro sur de Madrid. Pedro vive en Leganés. Ahora bien, si tienes 30 años, 40, 50…, observa que la vida no siempre sigue igual, por más que lo cantara el otro Iglesias, Julio, y que la recta final hasta la jubilación se puede hacer eterna y desmentirte: ni cenit, ni todo hecho ni por fin a descansar.

Pedro está feliz con lo nuevo. Eso es importante. Mejor que en ese silencio que me impresionó el otro día en la oficina del “paro”.

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