Celebra sin pirotecnia

Si todos percibiéramos los sonidos con la intensidad que Rodrigo, celebraríamos la Nochevieja y el Año Nuevo sin petardos. Rodrigo sufre un trastorno del espectro autista y el estruendo de la pirotecnia le produce pánico y crisis nerviosas. Les pasa lo mismo a las personas afectadas por ligirifobia. El martes próximo volverá a suceder… En general, la galería de horrores de la pirotecnia es grande y desconocida: mutilaciones, fracturas, lesiones oculares, perforaciones.

La ligirifobia es un trastorno de ansiedad por percibir de forma aterradora los ruidos fuertes: quienes la sufren piensan que pueden perder el control, que enloquecerán, ante un estruendo repentino. Para estas personas el fin de año es una condena por la pirotecnia. Y en general para las personas que, como Rodrigo, tienen una sensibilidad extrema ante los sonidos fuertes.

Les pasa a quienes sufren ataques epilépticos, por ejemplo. Y es que no entienden qué sucede: a qué viene esa algarabía de pronto en las terrazas, en los parques. Esos efectos de la pirotecnia se han hecho más visibles en los últimos tiempos porque afectan a las mascotas: cada año cientos de perros huyen por pánico a esas explosiones que a muchos humanos les hacen tanta gracia. Los pájaros mueren de infarto, se golpean desorientados.

La suma de tradición y difícil control hacen que no se vea una solución a corto plazo. Pero no es imposible: en muchas ciudades de Italia y de Argentina la pirotecnia está prohibida: ni cohetes, ni tracas ni artificios pirotécnicos similares. Y siguen celebrando sus fiestas: con menos ruido. Y con menos damnificados por mutilaciones, fracturas, luxaciones, heridas, lesiones oculares con penetración de cuerpo extraños, perforaciones de tímpano y quemaduras de diversa consideración. Porque eso pasa. Por no hablar de los árboles quemados, coche calcinados, toldos que arden…

Un día, allá por el ¿2040?, los bebés, los ancianos y las personas convalecientes, los niños y adultos con TEA, las mascotas y las aves seguirán su vida como si nada el 31 de diciembre. Sin miedo, ni estrés, ni taquicardias, ni infartos ni empeoramientos de salud. De momento, muchas familias celebrarán el fin de año con las persianas bajadas por completo, los animales en la parte más interior de la casa y algo de ruido “blanco” que disminuya el impacto del bullicio exterior.

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