Cómo agradar al mundo

La gente grande es amena, afectuosa. El líder construye amistades. Hay unas reglas sencillas para agradar al mundo. Te deslizamos unas cuantas. Y recuerda que la repetición es la madre de toda habilidad.

1) Aprende a recordar los nombres de las personas con las que te relacionas. Lo contrario indicará desinterés.
2) Sé una persona cómoda: evitarás tiranteces que conducen a ninguna parte.
3) Adquiere una relajada desenvoltura para que las cosas que hagas no te desazonen.
4) No seas egoísta. Guarda en un baúl esa impresión de que lo sabes todo.
5) Cultiva la cualidad de ser interesante, de modo que la gente obtendrá algo de valor al asociarse contigo.
6) Estudia cómo conseguir alejar de tu personalidad los elementos ásperos, incluso aquellos de los que en principio no seas consciente.
7) Intenta remediar malentendidos. Deja a cero la
lista de agravios.
8) Practica agradar a la gente hasta que aprendas a hacerlo genuinamente.
9) Nunca desperdicies la oportunidad de decir una palabra de felicitación o de enhorabuena.
10) Da fortaleza espiritual a las personas y ellas te
darán genuino afecto.

Si este decálogo no te seduce lo suficiente, recuerda que puedes seguir siendo el “señor promedio”, ése que nunca toma la iniciativa en las presentaciones. Las personas más atractivas en un grupo son las más activas en presentarse a sí mismas. Aparte de esta certidumbre, relaciónate con la gente con este pensamiento en mente: “Puedo no ser importante para esta persona, pero ella es importante para mí, y por eso he procurado conocerla”.

ESCUCHA Y APRENDE

Objetivo: busca razones para simpatizar con cada persona; encuentra motivos para que te guste. No intentes gustar. Consigue que sea el otro el que te guste y lo habrás logrado. Echa un vistazo a tu entorno personal y laboral: revisa las razones por las que cada persona te agrada o podría agradarte. Además, si un sujeto te cae bien, tarde o temprano tú le caerás bien también.
Haz un esfuerzo de observación en las conversaciones: mira quién habla más en un grupo y mira quién es la persona más afortunada del grupo. Muy pocas veces son la misma persona. La persona afortunada, la gente grande, practica la conversación de generosidad: abierta a que los demás hablen de sí mismos, de sus miras, sus realizaciones, su familia, su ocupación y sus problemas. La conversación de generosidad prepara el terreno para éxitos más grandes: gana amigos y ayuda a saber más acerca de la gente. Escucha y aprende.

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