Confianza desmesurada y circo: por Adaliz y tantas más

Tenemos una confianza desmedida en nuestro conocimiento de la realidad. Y episodios violentos como el que acabó con la vida de Adaliz, apuñalada por su ex pareja delante de sus dos hijas de 8 y 10 años, nos dejan con los fallos al aire.

Valoramos más de la cuenta lo que sabemos, para que no cunda la inseguridad, por ejemplo de la violencia entre hombres y mujeres. Y a veces solo nos sirve para explicar a posteriori otra historia fatal. A los políticos les da para minutos de silencio de emoción plana y para enzarzarse, ahora ya hasta en la calle, con pancartas y tú-no-sabes-de-lo-que-estás-hablando. Y más circo para los medios de comunicación, que hacen lírica delictiva con la muerte ajena, tertulias con detalles que nunca debieron contarse, y audiencia atroz. Eso sí, si luego se le muere el canario al presentador o presentadora de turno, hay que respetar su dolor y no hablar de ello. Clases.

Buscar explicaciones está muy bien, pero a esas dos niñas huérfanas no hay argumento que les pueda consolar. Explicar lo inexplicable es un foco más de padecimiento. Después de un caso como el de Adaliz se suele hablar de todo lo avanzado en la lucha contra la violencia entre hombres y mujeres. Y es mucho. Pero el guión se desguaza cuando un desalmado coge un cuchillo y lo utiliza delante de unas niñas.

Los humanos, por tranquilizar, somos muy de engañarnos: cogemos un pedazo de realidad que nos sirve -una estadística anecdótica- y con ella nos cocinamos una verdad que apesta a componenda. No hay tranquilidad posible. Ni consuelo. Y quienes en los minutos de silencio piensan en sus cosas, mejor que se queden en el despacho trabajando. Por Adaliz y tantas más.

Envía un comentario