¿Convencer?

“No trato de convencer a mi adversario de que está en un error. Me uno a él en una verdad más alta”. Lacordaire

Los persuasores de espuma y nada desconocen que una buena conversación empieza por interesarse sinceramente por los demás. Se trata de los otros. De buscar los aspectos en los que podamos establecer un acuerdo rápido con el interlocutor o interlocutores. Y, en sintonía ya, buscar esa “verdad más alta”, la que une.

Saber escuchar ayuda. Y saber escuchar no es fácil: es la forma más delicada de mostrar el respeto que merecen las ideas de los demás. Los expertos dicen que hay una disposición física que favorece la escucha: la inmovilidad y una mirada prudente, sin dureza, con afecto. Y el buen escuchador sigue unos patrones intelectuales: curiosidad sana por el asunto del que se trate, la disposición benevolente y una voluntad de comprensión.

Sabios y tontos
Comunica dos vasos por un tubo. Uno del tamaño corriente. El otro, tan grande como un océano. Pues resulta que el agua quedará al mismo nivel en ambos vasos. Lo mismo ocurre con la discusión: iguala a los sabios con los tontos… ¡y los tontos lo saben!
Me divierte la paradoja hidrostática de la controversia, de Oliver Wendell Holmes. Y pienso que hay tu verdad y mi verdad. La verdad de cada uno. En realidad es la interpretación que cada uno hacemos de lo que nos pasa. En cotidiano equivaldría a decir que cada persona tiene siempre sus razones, y que en realidad nadie tiene razón. Porque en lo más profundo de nosotros mismos nadie cree estar en un error, cada uno tiene razón desde su punto de vista y no hay verdades absolutas: depende del contexto.

 

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