Coronavirus: Videollamadas de sanitarios para que puedas ver a tus mayores ingresados (y otros gestos de humanidad)

Mari Carmen ha podido “ver” a su padre, Rufino, de 86 años e ingresado por coronavirus, gracias a una videollamada que le ha hecho el personal sanitario del Hospital de Getafe. Gestos de humanidad con los familiares de esos mayores enfermos que no tienen ni móvil táctil porque no saben manejarlo. O detalles prácticos como el de esa enfermera que escribe su nombre y una sonrisa en su pantalla protectora. Su ejemplo ha cundido a toda velocidad. “A veces nos olvidamos que vamos tan tapadas…”

—A veces nos olvidamos que vamos tan tapadas que a los pacientes les resulta imposible saber quién es quién, a quién le ha pedido o preguntado algo, y eso puede generar desconcierto y ansiedad —dice Zahara, enfermera, en un tuit—. Así que, si una idea parece estúpida pero funciona, no es tan estúpida.

De hecho, decenas de compañeros han seguido su iniciativa y se han identificado cada uno a su manera. Ella en mayúsculas, con buena letra y hasta una carita sonriente. “Hola! Soy su enfermera: Azahara”.

A pacientes como Rufino, tan mayores y cansados, les cuesta especialmente identificar al personal sanitario por la voz o por el nombre que les dicen al acercarse a ellos. Así que la claridad es un cariño extra en estos tiempos de alejamiento y protección por salud.

Los mayores sufren especialmente quedarse solos, sin acompañante. En el caso de Rufino sin móvil siquiera en aquella primera noche y el día siguiente. Total, si no lo sabe manejar… Y en el momento, con los nervios y la prisa de llevarlo al hospital porque tiene fiebre, respira mal, está como paralizado al intentar andar, una no piensa en esos detalles…
—Su médico de cabecera vino a verlo a casa y me dijo que le llevara yo con mi coche, que la ambulancia iba a tardar bastante más en llegar —recuerda Mari Carmen.

Le dejó en Urgencias y en el suspiro que tardó en aparcar el coche apenas tuvo tiempo de ver cómo se lo llevaban los sanitarios. Se quedó con una sensación de ansiedad, de una despedida abrupta.
—Sabía que lo iban a atender bien pero me quedé con el agobio de si estaría muchas horas en una silla, él que está tan débil. Y resulta que ahora lo hemos visto por la videollamada: en la cama, con sus gafas nasales, y bien. Nos hemos quedado mucho más tranquilas”, agradecen Mari Carmen y su madre, Goya.

Les llamó un coordinador desde la planta donde está Rufino. Le dijo que les habían facilitado unas tablets para que los familiares pudieran “ver” a los suyos. Y les han prometido que las llamadas serán diarias.

Además, desde el segundo día pudieron telefonearlo, porque el personal sanitario les pidió un medicamento habitual y le aconsejaron que le llevaran móvil y cargador, que le vendría bien hablar con los suyos.
—No sabe llamarnos, pero sí coger las llamadas; además nos han dicho que podemos llamarle cuantas veces queramos, que le va bien —dice.

Detalles de humanidad en tiempos de enfermedad y muerte.

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