Coronavirus: La “eterna espera” de unos hijos para que incineren a su padre fallecido

A Rosana y sus dos hermanos “el maldito Covid-19” no solo les ha arrebatado a su padre. Les ha condenado a una espera dolorosa: ocho días desde el fallecimiento de Joaquín pegados al teléfono sin que la compañía de decesos los llamara, y 10 días más aguardando turno de incineración en un tanatorio del sur. La aseguradora les dice que están esperando la licencia de incineración de un juzgado de Móstoles, y eso que Joaquín falleció hace 18 días.

Cansada de la situación y de escarbar explicaciones, Rosana ha hecho público su desconsuelo en las redes sociales. Comparto aquí un extracto para que sirva como cronología y descripción del sufrimiento de tantas familias en estos días.

—Ya son muchos días sin ti. Maldito COVID. Mucho tiempo para permanecer abandonado en la morgue del hospital, sin que @santalucía se digne hacerse cargo de tu cuerpo, excusándose en sobrecarga de trabajo. Ya no es la compañía que era… Que engañados hemos estado todos ¿Quién se podía esperar esto? Tú, seguro que no. Después de haber confiado en ellos durante estos más de 52 años no esperabas que te dejaran tirado —cuenta Rosana, sorprendida de que otros conocidos también fallecidos fueron incinerados en tres o cuatro días, porque tenían otras compañías de decesos.

Prosigue Rosana:
—Afortunadas sus familias que no han tenido que pasar por el calvario que estamos viviendo: indiferencia, falta de información… En estos 18 días hemos recibido dos llamadas de Albia (funeraria). La primera para dar como única respuesta la posibilidad de incineración si aceptábamos fuera de Madrid (que hacen traslados colectivos hacia una provincia aleatoria). Y de poco valió aceptar, puesto que la espera siguió igual. Y la pena es que hay muchas familias, engañadas como nosotros al principio, que nos están comentando su eterna espera con Santalucía.

Rosana reprocha a la compañía de decesos y a la funeraria “la falta de información”, que les ha hecho “mucho daño”. Le hubiera gustado recibir eficacia o, en su lugar, “humanidad” al menos. No se enteraron del traslado de su padre hasta 5 días después de que se produjera.

—Pero la realidad es que, pasados muchos días, nos enteramos de que faltaba aún la licencia de incineración. Estoy muy dolida, moralmente muy afectada. Y, como mis hermanos, al dolor de la muerte de mi padre tengo que sumar la incertidumbre y la ansiedad provocada por la falta constante de información veraz por parte de la aseguradora.

Los hijos y los nietos de Joaquín esperan que “pronto le dejen descansar en paz”.

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