Críticas: cumplidos disfrazados…

¿Te preocupan las críticas? Bienvenido al club. Dale Carnegie, en Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, ofrece algunos consejos para evitar que las críticas te preocupen, te atenacen.

Principio 1
La crítica injusta es frecuentemente un cumplido disfrazado. Significa, muchas veces, que hemos provocado celos y envidias. Recordemos que nadie patea a un perro muerto…

Principio 2
Hagamos las cosas lo mejor que podamos; después abramos el viejo paraguas y procuremos que la lluvia de críticas no nos moje.

Principio 3
Llevemos un registro de las tonterías que hemos hecho y critiquémonos nosotros mismos. Ya que no podemos ser perfectos, hagamos lo que hace E. H. Little: pedir una crítica imparcial, útil y constructiva.

A Dale Carnegie le gusta insistir en la metáfora de que nadie patea a un perro muerto. O sea, que si te dan tralla es síntoma de que estás vivo. Y cuanto más importante es el perro, con más satisfacción se lo patea, por lo que parece. Al príncipe de Gales, antes de convertirse en Eduardo VIII, le dieron una tunda en el colegio al que iba, en la Academia Naval de Annapolis.

Tenía 14 años. Un día uno de los oficiales lo vio llorar y le preguntó qué le pasaba. Se resistió a contarlo pero por la insistencia reveló que algunos compañeros lo habían pateado. Uno de los responsables del colegio, entonces, reunió a los alumnos, les contó que el príncipe no se había quejado pero que deseaba saber por qué le habían castigado. Tras muchas toses y pasaba-por-aquí, los chicos confesaron que habían pensado en el futuro: cuando fueran oficiales de la Marina Real y pudieran contar que un día le dieron un puntapié al propio rey. Una historia para mostrar que a veces te atacan por sensación de importancia. Quizás estás haciendo algo que llama la atención.

En otros casos se trata de personas que disfrutan con ferocidad denunciando, poniendo en la picota, a quienes han sido más afortunados que ellos. Es la naturaleza humana o inhumana. Ahí está el caso del almirante Peary, explorador que maravilló al mundo cuando llegó al Polo Norte en trineos tirados por perros hace un siglo. Era la meta que intentaron muchos valientes durante siglos y que perecieron en el propósito.

El propio Peary estuvo a punto de palmar de hambre y congelación, perdió hasta ocho dedos de los pies, amputados como resultado del frío. Temió volverse loco de eso y otros contratiempos. Mientras en el calorcito de Washington sus superiores morían… de celos. Por el renombre y la aclamación a Peary. Así que sin rubor lo acusaron de haber recaudado dinero para expediciones científicas y de haberse dedicado en realidad a “pasearse y haraganear por el Ártico”. ¿Elogios disfrazados? A lo peor pensaban que estaba allí perdiendo el tiempo: porque uno puede creer lo que desea creer, por imposible que parezca. Aunque se trate de humillar a otro. Finalmente tuvo que interceder el presidente para que Peary pudiera culminar su carrera polar. Probablemente nadie lo hubiera atacado de haber sido un tirado en Washington.

Reír, sin más
No puedes impedir que se te critique injustamente: pero sí puedes hacer algo infinitamente más importante: decidir que las críticas injustas te molesten o no. hablamos de pasar por alto las críticas injustas. Las otras, las escuchamos y sacamos conclusiones. Que no te importe lo que la gente diga, siempre que sepas que en el fondo de tu corazón tienes razón. Haz lo que entiendas que es justo porque te criticarán de todos modos. En ocasiones lo mejor es reírse, sin más, en vez de reaccionar. Lo del principio 2: haz las cosas lo mejor que puedas y, a continuación, abre el viejo paraguas para que la lluvia no te moje.

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