“Cuando de pequeño dije que iba a ser cómico, todos se rieron de mí. Ahora nadie se ríe”

Ya lo decía Woody Allen: la comedia es solo tragedia + tiempo. Ahí está Joker, por fin la vi (cuando uno tiene tres hijos pequeños hay cosas que hay que hacer aunque no tengas ganas… y otras que tienen que esperar, ay). Un amigo me dijo: “Todo el mundo dice que es lenta, y que el final está muy bien”.

Debe de ser que a los amigos de mi amigo la vida les parece lenta, porque a mí Joker me ha parecido una bala. Una bala en la boca del Sistema (lo pongo en mayúsculas que da más susto): “El Sistema decide lo que está bien y lo que está mal”. Incluso en el humor: “El Sistema decide lo que es gracioso o no”. Que tiemblen Broncano, Buenafuente… y Bertín Osborne. Llegará ese invitado del que se rieron y…

Joker es una bala sutil en la cabeza: ¿El mundo dividido entre ricos y pobres? Ayer Ignacio Escolar escribía de ello… en serio: “A quién votan los ricos y por qué no votan los pobres”. Y cita al gran inversor Warren Buffett, para refrendar su tesis de que la lucha de clases continúa: «Claro que hay lucha de clases. Pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa lucha, y vamos ganando».

La película tiene un aroma a gánsteres, por la música, que hasta aparece el That’s Life, de Sinatra:

“Así es la vida/

Y por gracioso que parezca/

Algunas personas se divierten/

Pisoteando un sueño/

Pero no dejo, nunca dejo que me deprima/

Porque este viejo mundo sigue girando…”.

Hay terror evidente, en ese baile en la escalera infinita, esas máscaras que recuerdan a los Slipknot cuando eran gloriosamente imperfectos. Y ese terror que es una bala en el estómago: “Cuando era pequeño y dije que iba a ser cómico, todos se rieron de mí. Ahora que soy cómico, nadie se ríe”. Se te hiela la sangre. Entre lo ridículo y lo sublime hay una línea delgada solo para valientes.

En otro momento Joker le dice a su madre intubada: “¿Sabes lo que me hace reír? Solía pensar que mi vida era tragedia, ahora me doy cuenta de que mi vida es una comedia”, y no voy a desvelar lo que hace mientras dice esta última frase.

Y esa tristeza terrorífica de ver al actor maquillándose la cara de blanco, lengua incluida, frente al espejo –como los clásicos- preparándose para el reencuentro trágico con su “compañero” de fatigas cómicas, que termina con el merecido que nadie le dio en Billions, serie en la que hacía de abogado mercenario del poder.

La gente espera que te comportes como no lo haces. No hay que ser gracioso para ser cómico. Es difícil ser feliz todo el tiempo… Frases de un tipo con sonrisa perpetua.

Abre tu spoty, ponte White Room, de Cream, y a disfrutar del día.  

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