De abrazos y nada más

Un abrazo recompone, alivia, desestresa, protege, tranquiliza y hasta da energía. Los abrazos, ay. Incluso desarman, que Cipri Quintas los considera como un arte marcial.

Pedir o dar un abrazo. Sencillo y maravilloso. Dicen que un abrazo es capaz de frenar nuestro estrés, darnos sensación de seguridad, mejorar nuestra autoestima, aportar energía y fortalecernos. Con el simple acto de ceñir con los brazos sentimos y hacemos sentir que, más allá de lo ocurrido, alguien nos quiere y se ocupa de nosotros. Un abrazo es más elocuente que las palabras. Es simbólico: puro lenguaje de afectos y hasta de… traición.

Cada forma de abrazar tiene un significado. Y deja una huella. Hay abrazos clásicos: el de dos personas que se rodean con sus brazos con firmeza y con las cabezas una junto a otra. Son íntimos, los pechos se juntan y las cabezas están muy cerca. Suelen durar más de dos segundos y tienen el encanto del reencuentro, el reconocimiento o la despedida.

Hay también abrazos de baile, que van asociados a la música. Una de las dos personas abraza a la otra por la nuca y ambas se dejan llevar por los sonidos. El abrazo visual es el de la madre y su hijo: las miradas cómplices y de amor cubren el espacio que queda a la altura del pecho. El abrazo entre compañeros es el que se produce entre individuos sin una intimidad especial; son abrazos de palmada en la espalda, para festejar un logro o la proximidad de algo. No se juntan las cabezas y la intensidad emocional es baja.

Los abrazos asimétricos son los que se dan dos personas de diferente altura y suelen ser pasionales, eróticos. Son abrazos íntimos y sexuales. Nada que ver con los abrazos laterales: sencillos y cercanos y consistentes en rodear el hombro de otra persona con un brazo, por compañerismo, simpatía, cariño, calidez y hasta por reconfortar.

Hay además abrazos distantes, sin intensidad y con los cuerpos alejados: son los de compromiso, protocolo o tregua tras una disputa. Incluso podrían ser la teatralización de una calma poco significativa. Y quedan los que menos me gustan, los abrazos violentos, apretados, agresivos, de los que duelen a quienes los reciben. Se producen durante peleas, para separar a las partes, por ejemplo. Abraza, y algo sucederá.

 

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