De infantas, ranas y pactos postelectorales

Releía hoy un cuento clásico con infanta bellísima y caprichosa, y rana servicial y traicionada… y se me vino a la cabeza el puzle pactista de la política nacional, las sucesivas elecciones que llevamos y la aritmética parda. Como cada uno tenemos nuestra percepción de la realidad, que cada cual ponga papel en este cuento a Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal.

El relato mítico habla de un tiempo en que “los deseos podían todavía conducir a algo” (a ratos estamos ahí, quizás). Y de la hija pequeña de un rey tan hermosa “que hasta el sol, que había visto tantas cosas, se maravillaba cada vez que brillaba sobre su rostro”. La chica iba cada día a una fuente bajo un limonero a jugar con su pelota de oro (¿hoy sería la democracia, la concordia, la paciencia?). El azar se puso de perfil y un día la pelota se fue rodando hacia el agua y rodó y rodó. La infanta lloró sin límite hasta el punto de que una rana salió a auxiliarla. “¿Qué te pasa? Lloras tanto que hasta las piedras se compadecerían”.

La chica le contó el episodio, y la rana se ofreció a recuperar la pelota a cambio de lo que pudiera darle. La infanta le ofreció sus perlas, sus ropas, sus joyas y hasta la corona de oro que llevaba puesta. Pero la rana prefirió que la cuidara y que la dejara ser su compañera de juegos y compartir mesa y vida con ella. “Muy bien, te prometo todo lo que quieras si me das la pelota”. Eso fue lo que dijo, pero lo que pensó fue bien distinto: “Cuánto habla esa rana tonta, vive en el agua con los de su especie y nunca podrá ser la compañera de un ser humano”.

Con la promesa fresca, la rana se sumergió y le trajo la pelota de vuelta. La infanta la cogió y salió corriendo. “Espera, espera -gritó la rana-, llévame contigo, no puedo correr como tú”. De poco le sirvió. La chica no le prestó la menor atención. Es de suponer que la rana terminaría saltando de nuevo al agua.

Y los políticos hablando de relato…

Envía un comentario