Derecho a tener una familia

“¡Es-mi-papá, es míiiio!”, dice Dani con toda la boca, para provocar a sus hermanos. Dani tiene tres años y lleva 2 en nuestra familia. En casa es uno más de cuatro hijos, a ratos el jefe pese a ser el más pequeño. Es nuestro hijo “del corazón” y, como él, hay muchos en las Casas de Niños de la Comunidad de Madrid esperando una familia de acogimiento. Es necesario y maravilloso. Quiero hoy precisamente, en las celebraciones por la Convención de los Derechos del Niño, resaltar uno: el derecho a tener una familia.

El trámite del acogimiento es sencillo: vas, llamas o escribes a la Dirección General de Familia de la Comunidad de Madrid, te emplazan a la reunión informativa más inminente y a partir de ahí, si te decides, emprendes un camino inigualable: ofrecer tu familia a un niño que ha nacido en desventaja. Porque es eso, un ofrecimiento, no es posesión.

A nosotros, tras un año y poco de espera, nos llegó el momento: fue precioso, por su reacción, como si lo hubiéramos soñado, pero, como no tiene porqué ser así siempre, no daré detalles. Lo que sí quiero decir es que Dani estaba muy bien cuidado allí, con un monitor de mañana y otro de tarde y otro los fines de semana, que tomaba las primeras marcas de alimentos, que estrenaba ropa y juguetes, que tenía pediatra en el mismo centro, y mucho cariño, pero le faltaba la referencia familiar.

La vida es paradójica: resulta que un niño superafectuoso como Dani no tenía una madre o un padre a los que abrazar, con los que jugar o a los que llorarles por las noches a deshoras, jeje. Se había criado en comunidad, como en un cole que dura las 24 horas, y desconocía la vida del exterior; le daban hasta miedo los cochecitos esos que hay en los centros comerciales.

Han pasado 2 años y, si no fuera por los ojos rasgados y esa tez preciosa como de verano eterno, nadie sabría que no es nuestro cuarto hijo biológico. Ahora él se busca en las fotos antiguas de los hermanos: ¿Y yo? ¿Dónde estoy en la foto en tu tripa?, le pregunta a mi mujer. “Tú eres del corazón, Dani”, le dice ella, con tal brillo amoroso que los hermanos tienen envidia, esos celos que te llevan a terminar con todos los críos colgados del cuello y al suelo.

No quiero enrollarme: solo deseo que en este día en que se habla de la infancia penséis por un momento en esos críos que tienen derecho a una familia como la tuya, como la mía, y de momento no existe. Atrévete. Ya sé, ya sé: “¿Y si te lo quitan?”, nos sueltan a veces, como un golpe bajo inconsciente. Nuestro acogimiento es permanente y tiene todas las garantías de la Comunidad de Madrid. La vida es misteriosa, difícil y estupenda. Y te sorprende. Y a los humanos nos gustan las sorpresas… las sorpresas que queremos. A las otras las llamamos problemas… pero esa es otra historia.

Envía un comentario