Desacuerdo reflexivo para políticos y más

¿Os imagináis que en la política nacional, autonómica y local, tan revueltas, se practicara el desacuerdo reflexivo? Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Casado, Abascal y Rivera. Es un arte.
El propósito no es convencer al otro de que llevamos razón, sino averiguar qué opinión es la correcta en cada asunto y decidir.

Dice Ray Dalio que cuando dos personas tienen opiniones opuestas, es muy probable que una de las dos se equivoque y que es bueno saber si no eres tú mismo el equivocado. ¿Os imagináis que en las conversaciones en las redes y en la vida tuviéramos el objetivo de no perdernos ninguna perspectiva importante?




Es fácil: solo exige práctica. Y empieza por cada uno de nosotros. Cómo:

1/ Enfocando la conversación de modo que quede claro que solo tratas de entender al otro.
2/ Preguntando en vez de afirmar.
3/ Dirigiendo el debate de forma sosegada, sin apasionamiento.
4/ Y animando a la otra parte a hacer lo mismo.

Convertimos todo en discusión. Y perdemos la oportunidad de aprender. Ahí empieza el error. Si no aprendes nada, es imposible cambiar de opinión. El desacuerdo reflexivo va de explorar los puntos de vista. Solo funciona si tú eres razonable y la otra parte también. Si usas el respeto, la calma, si eres afable, aunque hables de convicciones.

No se trata de fingir. Al contrario: se trata de encontrar respuestas. Con preguntas potentes como estas:

¿Prefieres que te diga sin tapujos lo que pienso y lo que quiero saber o prefieres que me lo guarde?
¿Vamos a intentar convencernos mutuamente de que llevamos razón o vamos a escucharnos y a evaluar los puntos de vista de cada uno para llegar a la verdad?
¿Discutes conmigo o intentas entender mi visión?

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