Efecto Greta: “Eh, me tomo un año sabático por el planeta”

Una estudiante de unos 18 años me dijo que para qué iba a aprobar las asignaturas si le esperaba el paro como a su hermana mayor. Me viene la escena a la cabeza al escuchar a universitarios decir que para qué se van a enfocar en los estudios, si no hay futuro en el planeta, por el cambio climático.

Deseo que Greta Thunberg concluya su larga travesía en el catamarán sin sobresaltos y llegue a Madrid este martes a la Cumbre del Clima, como tenga previsto (automóvil eléctrico, dicen). Porque su influencia es de tal calibre y tan viral que imagino a mi hijo de 19 años tomándose un año libre contra el cambio climático: “Eh, me tomo un año sabático por el planeta”.

Me preocupa sinceramente el cambio climático y el futuro de la Tierra en el corto plazo, pero me acogotan también los efectos colaterales de Greta y casos como el de Greta en la opinión pública y los altavoces mediáticos sin filtro. Que la memoria es frágil y la viralización imparable, y se nos olvidan escándalos de familias haciendo llorar a la España televisiva con la enfermedad de la hija y luego pegándose la vida padreymadre con el dinero de la gente generosa.

Greta Thunberg, activista del clima, tiene 16 años y el síndrome de Asperger, que es uno de los trastornos del espectro autista. Es la mayor de las dos hijas de un actor y una cantante de ópera muy reconocida. A los 11 tuvo un episodio depresivo en el que aprendió sobre el cambio climático y decidió pasar a la acción: dejó de consumir carne y empezó a plantearse maneras de reducir el impacto en el medio ambiente.

Al poco incitó a los suyos a reducir su huella de carbono. Preocupados y a la vez impactados por la fuerza de la hija, siguieron su estela y dejaron de comer carne y de viajar en avión, por ser contaminante. La carrera internacional de la madre como cantante de ópera terminó de cuajo, de hecho. Un libro recogió todos estos episodios familiares, “Escenas del corazón” se llama.

Y en el mismo año Greta se hizo popular cuando los medios se fijaron en aquella joven que cada viernes hacía una sentada frente al parlamento de su país, Suecia, por su inacción frente al cambio climático. Hace un año ahora que epató al mundo en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático advirtiendo que el mundo está en peligro si los gobiernos no toman medidas. Desde entonces no ha parado la actividad y la consecución de premios.

Lo tengo dicho: las personas no aprenden de los errores, son los sistemas los que aprenden con los errores humanos, a veces fatales. Sigamos la Cumbre del Clima con atención.

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