El cerebro y la música se entienden

Y ese maridaje tiene efectos múltiples: en enfermedades neurológicas, contra el estrés y la ansiedad, para el dolor y hasta de entendimiento.

music-997990_1280Los estudios más rigurosos dicen que la música calma la ansiedad, acelera recuperaciones, aumenta el optimismo y calma el dolor. De ahí su papel destacado en terapias para enfermedades neurológicas como el alzheimer, el parkinson, el síndrome de Tourette o el autismo. La música regula el nivel de hormonas relacionadas con el estrés, fortalece la memoria y el aprendizaje, recrea recuerdos y afecta a la velocidad de las ondas cerebrales.
Y eso simplemente con la escucha. El paso a la interpretación musical, con cualquier instrumento, supone una montaña de beneficios: audición, vocabulario, lenguaje no verbal y hasta de entendimiento de la información visual, que un estudiante de música distingue con mayor facilidad similitudes, diferencias y patrones. En grupo la música genera una sensación de sincronía, incluso cardiaca. Afecta al latido del corazón, al pulso y a la presión arterial. Y, según los entendidos, contribuye al bienestar general y mejora el estado de alerta, a un nivel parejo a técnicas como la meditación o el yoga.
Estudios técnicos apuntan a que la música fortalece el sistema inmunológico, por la actividad cerebral, el bienestar que produce y el descenso de los niveles de ansiedad. La música puede hasta “despistar” al cerebro cuando manda señales de fatiga que recomiendan pararnos, por ejemplo al hacer ejercicio físico. Un ejemplo: los ciclistas que llevan música al pedalear requieren un 7 por ciento menos de oxígeno que quienes se ejercitan en silencio.

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