El futuro y sus desafíos: todos vegetarianos o comiendo carne de laboratorio

La actriz Cameron Díaz dejó de comer carne cuando le contaron que los cerdos tenían la inteligencia de un crío de 3 años. Ella tenía una sobrinita de esa edad y pensó que era como comerse a su sobrina. Y cortó, radical. Hoy sabemos que el futuro de este planeta pasa, entre otros factores, por el aumento de las dietas vegetarianas y ese estilo de vida. No leas esto si todavía eres de los que dices “yo es que si no me como un chuletón es como si no hubiera comido”. Me recuerda a cuando de niño en casa nos comimos al pollo “Pirri”…

Primero voy a lo de Pirri: de crío en casa tuvimos uno de esos pollitos sin control que te regalaban en las pollerías. Daba unos saltos y era tan killer que lo llamamos “Pirri”, en homenaje a aquel delantero del Madrí mítico incluso para los que no jugábamos al fútbol. Pirri corría por nuestra casa en Getafe y creció sobrealimentado de miga de pan y leche y otras maravillas que le hacía mi madre. Se hizo tan grande que mis padres lo mandaron al pueblo. Yo, ingenuo total, me creí aquella historia: que en casa de mi tía iba a estar mejor con las gallinas. Un día me confesaron que el pollo que nos habíamos comido guisado con patatas era «Pirri». Siempre he querido creer que era puro storytelling de una madre con guasa…

Ahora cuento la historia para hacer proselitismo vegetariano. Porque uno de los desafíos que tenemos para los próximos 10, 20, 30 años es hacer este planeta sostenible. Y dependerá, entre otros factores, de aumentar las dietas vegetarianas y el estilo de vida necesario para abordar el cambio climático global. Por ejemplo, en menos de 20 años se generalizará la producción de carne, leche, cuero y otros productos animales a partir de materiales genéticos. Y la agricultura usará el agua del mar, porque usar, como pasa, el 70 por ciento de suministro de agua potable para el campo es insostenible si queremos que haya agua para todos.

Vida vegetariana en el sur

En el sur de nuestra Comunidad se puede tomar un menú vegetariano en restaurantes. Hay un público que los busca expresamente: por sabor, por conciencia. Los más adelantados saben que no todo el vegetarianismo es sostenible, y que hay que tenerlo en cuenta: por ejemplo la quinoa: que llega desde la otra punta del planeta y eso es contraproducente. Tiene futuro el vegetarianismo que mira a la tierra: las frutas, verduras y hortalizas, de temporada y de proximidad. Sostenibles.

Los iniciados aconsejan empezar poco a poco: primero dejar de comer la carne roja y así irse adaptando. Los vegetarianos más veteranos agradecen incluso el fenómenos vegano, porque es una radicalidad que llama la atención y es una vía para cuestionarse asuntos éticos, medioambientales, sociales, políticos y por supuesto económicos.

Greta, te guste o no, ha hecho mayor efecto que mil campañas de lucha por el cambio climático. Y entre ayunos y celebrities vegetarianas iremos tomando conciencia de que así no podemos seguir, al menos los que queremos dejar un mundo medio potable a nuestros hijos. Algo está cambiando cuando ya no tienen gracia series televisivas nefastas que ridiculizan a los vegetarianos como cuando hacían chistes chuscos sobre la homosexualidad.

La primera hamburguesa de laboratorio

De la carne genética sabemos que la primera hamburguesa de carne cultivada en el laboratorio la elaboró y cocinó un profesor universitario de Maastricht, Mark Post, hace 7 años. Que le llevó 3 meses generar los 140 gramos de carne y que costó 250.000 dólares, que puso el cofundador de Google, Sergey Brin. Desde entonces son muchas las empresas que tienen patentes para cultivar la carne sintética y poderla comercializar, y han recibido financiación de gente que apuesta por el mañana, como Bill Gates o antes más Richard Branson.

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