El lutier, la paciencia y las lágrimas

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Oscar Wilde escribió que el arte de la música es el que está más cerca de las lágrimas y los recuerdos. Sin embargo, al disfrutar el sonido de un buen instrumento, la mayoría piensa en el mérito del intérprete y muy pocos reparan en el creador del instrumento. O sea el lutier. Y eso que la lutería es un oficio antiguo y que hubo tiempos en que estos artesanos tenían una excelente consideración social y altas remuneraciones.
Pero la industrialización le ha comido el terreno a un oficio maravilloso, paciente y hoy poco rentable. Un trabajo hecho con las manos. Fruto de tiempo y experiencia. Hay verdaderos artistas entre quienes construyen, ajustan y reparan los instrumentos de cuerda: violines, contrabajos, violes, violonchelos y todas las guitarras, mandolinas, clavecines… Un buen lutier es un compendio de arte, sabiduría, destreza y paciencia. Se necesitan tener conocimientos de carpintería, matemáticas, geometría, herramientas específicas y su manejo, conocer a fondo la madera y demás materiales del instrumento.
Hay una película preciosa en la que se reivindica el oficio de lutier. Se llama Un cœur en hiver (Un corazón en invierno), es de Claude Sautet, y el actor Daniel Auteil es el protagonista: un lutier enamorado de su profesión, preciso, dedicado, vocacional.

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