El payaso de Getafe: la historia más triste

En Getafe, en la plaza de La Cibelina, hay un payaso que hace malabares, algún truco y cuenta historias. El público, de niños y adultos, se arremolina. Yo llegué tarde ayer y escuché la historia más triste. La de un hombre solo, abandonado por su amor. “Estaba deprimido, muy deprimido”, dijo. A mi lado, algunas madres, comentaban espantadas: “Pues qué cosas les está contando a los niños”. Como si tener esa tristeza que no acaba nunca fuera algo que hubiera que ocultarles a los niños…

El hombre estaba deprimido, muy triste. Como no era capaz de domar solo a ese animal implacable que es la tristeza, decidió acudir a un psicólogo en la ciudad. A él le habló de lo que pasaba, le contó que su mujer se había marchado y que ya no tenía ninguna razón para sonreír, que estaba muy cansado, y que no podía sobrellevarlo.

El psicólogo le contó entonces sobre un circo que había en otro punto de la ciudad. ¿Lo conoces? Acércate, busca al payaso, dicen que es muy bueno, ve a su función y verás cómo sales de allí alegre, sonriente, te olvidas del pasado, y te pones a vivir de nuevo. Eso no es posible, le dijo el hombre triste. No puedo ir a ver al payaso, porque yo soy ese payaso.

“Muchas gracias a todos”, cortó de raíz el titiritero en Getafe, y se puso a recoger con la mirada fija en el suelo. “Os pido perdón por haber terminado con esta historia tan triste. Le ocurrió a un payasito que conozco”, añadió en seco mientras guardaba sus bártulos, ese sombrero agujereado para la voluntad, las extrañas herramientas para los equilibrios…

Hay historias que son verdaderas y que parece que fueran falsas, y relatos inventados que tienen la emoción de lo auténtico. Por cierto, que antes de ver al payaso triste en la calle me había topado en la tele con Rufián, ese diputado entertainer con chapita amarilla y aires de esta-catedral-se-me-ha-quedado-pequeña.

En la tribuna de los oradores del Congreso de los Diputados Rufián relató muy serio una historia de ratones y de gato con cascabel que resultó mucho más elocuente y auténtica que ese cuento de demócratas muy demócratas y de sombras muy sombrías que probablemente sea real, pero que a esas alturas de la tarde y en ese Hemiciclo importaban más bien poco…

Que os traigan muchas cosas los Reyes Magos.

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