El primer Centro Residencial Especializado en mayores gais, lesbianas, bisexuales y transexuales estará en Móstoles

—Las lesbianas, los gais, los transexuales y los bisexuales podemos ya amar, casarnos, tener hijos, tener nietos, divorciarnos, hacer testamento según nuestros afectos y desafectos, con todas la bendiciones de la ley. Un paso pionero en el mundo. Sin embargo, quedan aún asignaturas pendientes, como la salvaguardia de la dignidad y del respeto a las lesbianas, los gays, los transexuales y los bisexuales en la vejez —dicen desde la Fundación 26 de diciembre, que ha acordado con el Gobierno de Móstoles la creación de un Centro Residencial Especializado en mayores LGTB.

El espacio tiene nombre ya: “La Casa de Txema de Roa”. Tiene una ubicación: “Un edificio que le han donado a la Fundación, en Parque Coimbra”. Y un modelo residencial y de uso: “Unidades de alojamiento autónomas, unipersonales y/o de parejas, con servicios colectivos, de uso libre, y que darán alojamiento a residentes con una situación psicofísica y social que no precise de recursos de mayor intensidad”.

El convenio será por cuatro años inicialmente y la Fundación 26 de Diciembre correrá con “los gastos generales y de mantenimiento y las reparaciones del espacio”, o sea que no requerirá dinero de las arcas públicas mostoleñas, según el Gobierno.

Sabemos también que el centro no va orientado a personas dependientes, aunque estará solo a falta de “un reajuste de los servicios, tareas, funciones y personal para su atención en caso de que sea necesario”.

Admitirá heterosexuales
Móstoles ofrecerá el centro a todos los mayores gais, lesbianas, bisexuales y transexuales ahora residentes en algún centro de la Comunidad de Madrid. No será un centro exclusivo para personas de este colectivo pero sí que servirá para suplir una carencia:
—Cubrirá una necesidad básica totalmente descuidada en nuestro país: la atención asistencial a nuestros mayores gais, lesbianas, bixesuales y transexuales, con sus necesidades específicas tanto físicas como psicológicas —dice el escritor Eduardo Mendicutti, patrono y miembro de la Fundación.

—Muchos mayores del colectivo se ven obligados a volver a esconder su orientación sexual cuando tienen que ser ingresados en una residencia de mayores, para evitar ser discriminados —añaden desde el Ejecutivo de Móstoles.

El nombre de la fundación viene por el día de 1978 en que se modificó la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social.

—La había aprobado el régimen franquista en agosto de 1970, en sustitución de la antigua Ley de Vagos y Maleantes, y marcos legales que permitieron durante décadas en España marginar, discriminar, ofender, acobardar, perseguir, desterrar, condenar y encarcelar a los homosexuales, prostitutas, transexuales y bisexuales —recuerdan desde la Fundación.

Porque frente a esa “juventud, belleza, alegría, creatividad, vigor y una economía saneada” que son buenos pasaportes para el reconocimiento social, también entre el colectivo LGTB, la vejez es un desafío.

—En esa edad que el poeta Francisco Brines definió como la del “otoño de las rosas”, el colectivo LGTB aún se encuentra con dificultades añadidas para enfrentar –con gallardía, buen ánimo, buen humor, los mejores cuidados y en la mejor compañía posible– las servidumbres de la edad tardía. Facilitar ese reto, en la exigencia del respeto de los demás y la perseverancia en la propia dignidad, es nuestro objetivo —dicen desde la Fundación 26 de diciembre. Móstoles será crucial en ello.

La Fundación 26 de Diciembre funciona desde hace 9 años y medio. En Móstoles abrirá su primera residencia especializada.

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