Fase 0, una ferretería: “Saldremos adelante, porque somos las farmacias de la casa”

Manuel lleva una semana con clientes en la puerta de su ferretería en Móstoles, por las distancias y demás normas por la covid-19. Su negocio está “muy tocado”, dice, y, aun así, se considera un afortunado. “Una parte importante del comercio no abrirá la persiana cuando acabe todo esto”, augura. Él compara los efectos económicos del coronavirus con un accidente grave con el coche: “Te miras…”

—Esto es como cuando uno tiene un accidente con el coche: lo primero es que te tocas a ver si te ha pasado algo. Si estás herido, pues lo primero es la salud y no te ocupas de nada más. Pero si has salido indemne, entonces miras el coche, ves que está siniestro total y que te van a dar 2.000 euros por él y tienes que gastarte 30.000 euros en otro nuevo… Empiezan las preocupaciones: Estoy bien, pero cómo ha quedado el coche… —dice Manuel. El que haya salido indemne del coronavirus a nivel sanitario mirará el coche, que es España, y dirá: madre mía el coste que va a tener para estar otra vez en condiciones.

Manuel cree que muchas pequeñas y medianas empresas se quedarán en la cuneta.
—Una parte importante del comercio no abrirá la persiana cuando acabe todo esto, que no ha hecho más que empezar. Turismo caído, hostelería caída, industria poco competitiva y caída… y el pequeño comercio machacado con la venta online —dice—. Hay gente que nunca había comprado online y lo está haciendo. Esto nos obliga a una renovación brutal. Habrá gente que lo consiga, gente que no y gente que no sabrá ni por dónde empezar.

Este empresario establecido en Móstoles dice que el coste principal a los que sigan va a ser en endeudamiento y en la posposición de proyectos y expansiones, para una hipotética recuperación futura.


—Algunos sectores lo van a tener complicado: pienso en alguna gente del sector textil, calzado, ropa, productos de temporada que no van a tener salida, van a tener que invertir en producto nuevo, incertidumbre, y desembolsos en la infraestructura del local para cumplir las normas que, como se parezcan a las normas de adaptación a la ley del tabaco, serán inversiones imposibles de rentabilizar y que posiblemente caigan en saco roto en un año o dos —teme—. Y lo terminaremos pagando los mismos de siempre, porque el coste es elevado y dentro de seis, siete meses, el coronavirus como problema de salud quizá haya quedado en el pasado, pero las deudas y los problemas seguirán muy presentes.

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