Gana el que comete menos errores no forzados

Ponte en situación: has tenido un gran disgusto, un tropiezo, un error, un desencanto… Ya ha pasado el día. Estás en el día siguiente. Qué hacer. Grábate a fuego, para la próxima, que es más fácil no meterse en problemas que salir de ellos (Buffett). A mí me gusta dar por perdidas cosas, antes de que suceda, y así cuando el azar me suelta una bofetada ya estoy liberado de antemano.

Estamos tan atontados que sufrimos el mal con muchísima intensidad y el bien casi lo pasamos de puntillas. Y, claro, somos débiles en el naufragio. Cuanto más tengas que perder en caso de adversidad, más débil eres. ¿Y si el éxito se tratara de no perder, más que de ganar? Como en los deportes: gana el que comete menos errores no forzados.

Dicen que el Papa preguntó a Miguel Ángel por las claves de su genialidad, y en particular por cómo había tallado la estatua de David, obra maestra entre obras maestras. “Muy sencillo. Simplemente le quito todo aquello que no sea David”. Elocuente. Y si le quitamos a la vida todo aquello que no sea… ¿vida?

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