Gandhi y los dulces

Cuenta la leyenda que una mujer llevó a su hija a ver a Mahatma Gandhi. Estaba muy preocupada porque la niña era adicta a los dulces y no hacía caso de las recriminaciones de los padres, los familiares y los educadores. Como la cría admiraba a Gandhi, la madre pensó en la influencia del “bapu”, como cariñosamente se le conocía. Fueron a verle y, al conocer el caso, Gandhi le dijo a la madre que volvieran dentro de tres meses.

dulces
En ese momento la mujer no entendió la decisión, pero le hizo caso, y retornaron pasado ese tiempo. Entonces el “bapu” habló con la niña y ella instantáneamente se moderó en el consumo de dulces. La madre, muerta de curiosidad, le preguntó: “¿Por qué no le dijiste hace tres meses lo mismo que hoy?”. Gandhi respondió: “Porque hace tres meses yo también era muy goloso”.
Esta leyenda, popular en Oriente, la popularizó Pannikkar en Occidente. Coherencia, lo llaman. Esa coherencia ética diaria que es tan necesaria en este mundo que habitamos. Dicen que cuando cambias la forma en que eres por dentro, el mundo exterior también cambia. Ah, precaución: la coherencia no funciona con personas de poca altura moral ni con gente tóxica.

Daniel Martín,
Editor de Vértigo

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