Héroe o culpable: «¿Fuiste tú, pusiste la bomba?»

Richard está en el lugar incorrecto en el momento inadecuado: detecta una mochila-bomba antes que la policía, ayuda a salvar unas vidas y las teles lo conviertan en héroe. Pero su aspecto no encaja: bigote a lo freddiemercury, obeso, vive con su madre y le obsesiona la seguridad… De héroe a sospechoso. ¿Cómo demuestras tu inocencia? Una historia real.

—¿Fuiste tú? ¿Pusiste la bomba?—

Richard Jewell murió de un infarto a las cuarentaypocos años. Después de pasar un suplicio: demostrar que no había puesto la bomba con la que murieron 2 personas en Atlanta, cuando los Juegos Olímpicos, y resultaron heridos más de 100.

Hasta un libro le querían escribir para que vendiera su papel en el parque Centenario durante un concierto. Gente que se lo inventa todo, lo escribe y luego busca al héroe para que firme el libro y sea un bestseller.

La nueva película de Clint Eastwood, el último cineasta clásico, recupera la historia real de Richard Jewell, la persecución que sufrió de los medios y sobre todo del FBI cuando se suscitó la duda de que pudiera haber puesto él la bomba.
—Es un tipo que siempre busca atención. No es el héroe que ustedes están creando— dijo el rector de una universidad en cuyo campus trabajó Jewell con un celo inusual. Vamos que hasta hacía controles en la carretera sin tener jurisdicción.

Jewell no ha podido ver la reconstrucción que ha hecho Eastwood de su historia. De la vergüenza de unos medios de comunicación que igual te elevan sin medida que te hunden sin corazón. Y lo peor de la sospecha es cuando elementos de tu vida se alinean con la teoría de la culpabilidad. Porque Richard tenía un arsenal de armas en casa, porque le gustaba cazar y coleccionar. Y adoraba calzarse gorras y uniformes de seguridad, que cada cual tiene sus filias.
—¿Esperabas una invasión de zombis o algo así?—le dice el abogado al ver el despliegue de armas sobre la cama.

Ya le había advertido:
—Cuando tengas tu placa, no te conviertas en un imbécil—, le dice el que luego sería su abogado.
—No entiendo—.
—Sí, un poco de poder puede convertir a una persona en un monstruo—.

El FBI no sale bien parado. Pese a los agujeros iniciales:
—Siempre investigas al tipo que encontró la bomba, como al tipo que encontró el cadáver—, se justifican.
—¿Perteneces a algún grupo extremista, antigubernamental, grupo marginal—, preguntan en otro momento.

No es de extrañar que alguien suelte:
—La autoridad es lo que está ahí afuera esperando para comerte vivo–.

Cualquiera de nosotros podríamos ser Richard Jewell. Por más que seamos inocentes. La autoridad te mira hasta la basura. ¿Y los media? Su dictadura está en deciden lo que es noticia: ni más ni menos. Y en algunos psiquiátricos hay más criterio y menos ego que en algunas redacciones…

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