Historias de IVIASA

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Adela, Librería Papelería González

Toda una vida detrás de un mostrador

Adela es una referencia en libros de texto y material escolar. En el barrio de Iviasa, y en todo Móstoles y alrededores. Lleva 34 años al timón de la Librería Papelería González, con la ilusión del primer día. “Me encanta estar detrás del mostrador: cada día vengo, abro la puerta de la tienda y me siento feliz”, sonríe. Ella estaba predestinada para la atención al público, desde la infancia. Sus padres tenían tienda con bar en un pueblo de la sierra de Madrid, y los abuelos un establecimiento de comestibles también. Le encanta el trato con la gente y entre lo bien que conoce a su clientela y su intuición es capaz de encontrarle regalo incluso al más indeciso. Adela se jubila en los próximos meses. No lo quiere pensar demasiado aún. “Esto es mi vida y sé que lo voy a pasar muy mal sin la tienda”. La gente la ha apreciado mucho y esta última campaña de los libros de texto está siendo una despedida, como un ¿y ahora qué vamos a hacer nosotros? Para los clientes, precisamente: hay grandes oportunidades en libros y material escolar por la liquidación del negocio.

 

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Berta, Moda íntima

Un pequeño comercio para soñar

Berta ha sonreído siempre a la vida, y en especial cuando la vida le ha puesto a prueba. Al pie de su tienda de moda íntima ha criado a sus tres hijos, ha soñado desfiles de moda y los ha realizado (colecciones de baño, por ejemplo) y ha mostrado la grandeza del comercio pequeño, el de proximidad.

Un hito: la gala en que recibió el Premio Ciudad de Móstoles; en su discurso hizo una vindicación del pequeño comercio en general y de Iviasa en particular contando que iba vestida con un modelo de Victorio y Lucchino de una boutique de la zona, un calzado esplendoroso de una zapatería del barrio y el peinado de una peluquería de Iviasa también; y por su atuendo íntimo pasó de puntillas, era de su tienda, pero no era cuestión de mostrarlo (risas). Fue su manera de defender un tejido comercial en peligro de extinción y de ser generosa con quienes como ella mantienen la esencia de la tienda cercana, pequeña y exquisita. “Quizás la generosidad no sea rentable en caja, pero te aporta unas emociones que te llenan”, celebra. Ella aprendió en casa que la vida hay que vivirla con generosidad, disciplina y valentía. Empezó dando clases particulares en casa, con solo 18 años, y no ha parado desde entonces. En la moda íntima lleva 20 años y trabaja con tallas especiales en corsetería, lencería y baño. Todavía se recuerda en el barrio aquel desfile que organizó Berta con moda de baño, con modelos profesionales, una iluminación de pasarela, alfombra roja y música. Han pasado ocho años y se mascaba ya la crisis que ha asolado tantos comercios en España. Al día siguiente del desfile le llovieron las felicitaciones y vendió más que nunca. Berta tiene hoy 62 años y puede que aquel no haya sido su último desfile. Será que el suyo es un pequeño comercio para soñar.

 

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Margarita, El Manantial: Terapias Naturales

El sueño (y la salvación) de una mujer inquieta

A Margarita la rutina le llevaba por otros derroteros, cuando le detectaron una enfermedad muy grave. “Tuve un problema de salud que me llevó a descubrir el mundo de las terapias alternativas. La respuesta de mi organismo a la reflexología podal me cambió la manera de ver el mundo y me dije quiero aprender y a esto me quiero dedicar”. Y lleva 25 años en ello. En varios espacios: el actual en Iviasa, en Móstoles. El lema de El Manantial, que así se llama, es explícito: “Dinos qué te duele y te diremos qué terapia te conviene”. Margarita con su equipo de profesionales hace drenaje linfático, quiromasaje, facial japonés, terapia de polaridad, masajes ayurveda, al fuego y tailandés, terapia con ventosas. Imparte cursos. Ofrece estética y tiene incluso ecotienda. “Hasta llegar a esto siempre había estado buscando y en las terapias naturales encontré mi camino”. Margarita, profesional, creativa y empática, sigue con ganas de aprender técnicas con las que poder “ayudar” a sus pacientes. Ella trabaja con la energía y dice que “el cuerpo habla: estamos diseñados para ser felices y, cuando no lo somos, enfermamos”. Quien ha estado alguna vez en El Manantial cambia incluso su manera de pagar hasta la terapia: “El dinero siempre se entrega en forma de canal: así lo que das te volverá triplicado”, sonríe.

 

 

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