Ideas y bellotas

Cada año un roble produce bellotas suficientes como para poblar una selva de dimensiones magníficas. Sin embargo, del mar de semillas solo 1 ó 2 llegarán a ser un árbol: por el afán destructor de las ardillas y por la dureza del suelo, que no da a las semillas muchas posibilidades de prosperar.
Algo similar ocurre con las ideas: muy pocas dan fruto. Las ideas son perecederas. Si no estás en guardia, la gente con pensamiento negativo –el equivalente a las ardillas- destruirá la mayor parte. Porque las ideas requieren un cuidado especial desde que nacen hasta que se las transforma en medios prácticos para hacer mejor las cosas. Así que:

a) No dejes escapar las ideas. Escríbelas.
b) Reúnelas con otras ideas. Alinéalas y revísalas,
con frecuencia
c) Cultiva y fertiliza la idea que contenga alguna promesa evidente.

Y haz lo posible por exponerte a las ideas de otras personas inteligentes. Por ejemplo, uniéndote a algún grupo de personas con intereses en apariencia ajenos a los tuyos habituales.

 

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