Imbéciles con suerte y héroes sin victoria

Las heroínas y los héroes lo son por su comportamiento heroico, aunque pierdan. No debemos juzgar lo ocurrido en la medicina, en la política, en la inversión o en la vida, solo por los resultados. Escribamos la Historia alternativa, las historias que no ocurrieron.

Desenmascaremos a la suerte. Ya lo dice Taleb: los imbéciles con suerte no tienen la mínima sospecha de que pueden ser imbéciles con suerte. Imagina que un magnate sádico y aburrido te ofrece 10 millones por jugar a la ruleta rusa. Cada vez que aprietes el gatillo se producirá una historia: todas con la misma probabilidad.

Cinco serán historias felices y te enriquecerán. Y una engrosará la estadística luctuosa, con tu necrológica. Cuenta esto el sabio Nasim Talem para poner en la picota lo que vemos de la realidad, con lo que nos quedamos: si observamos la vida desde las historias de que disparas y no hay bala, pues recibirás la admiración y hasta el análisis de algún periodista perezoso y palabrón que alabará tus méritos. Te lo creerás incluso. Disparé en el momento justo. Puse mi toque. Elegí el instante preciso.

Taleb llega más lejos: con un poco de insistencia y miopía el ganador de la ruleta rusa se convertirá en un modelo para todos. Le copiarán los hábitos. Porque hace falta valentía, reflexión y despabile para mirar las historias alternativas y no seguir jugando. Porque si tienes 25 años y juegas a la ruleta rusa una vez por año con dificultad llegarás a los 50. Resultado: un puñado de supervivientes de oro y un cementerio repleto de idiotas.

A veces jugamos a la ruleta rusa sin ser conscientes del riesgo. Y observamos la riqueza generada y nunca la vía: y perdemos de vista los riesgos y nos olvidamos de los perdedores. Parece tan fácil que nos confiamos.

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