Infeliz

Necesitas muy poco para sentirte infeliz, para sentirte insatisfecho. La tostada que se quema. Una gotas de lluvia de camino al coche. Entrar un día más en la oficina a la que hace 20 años que no quieres ir…

Tienes una estrategia infalible para combatir el bajón: una frase supermotivadora que olvidas según la escribes (¡revisión del código penal, ya! Privación de libertad para los soñadores de cartón piedra), el redescubrimiento del gimnasio… que llevas pagando un año.




Estás a punto de releer por enésima vez el menú del restaurante, sabiendo que lo que debes hacer es sentarte de una vez a la mesa, pedir y tomártelo. Porque te crees que la felicidad es una sucesión de sensaciones y emociones agradables, y eternas. Y claro, pues otro año menos…

Sin darte cuenta te has convertido en tu peor amigo y tu mejor enemigo. A qué esperas para jugarte la piel de una vez. Quizás la felicidad sea el sentimiento profundo de haber realizado el potencial que cada uno llevamos dentro. Poco, mucho. Haz lo que sabes, de una vez.

Dicen que si se trabaja en las juntas de una armadura, antes o después acabará agrietada, y terminará hecha trizas, por muy elástica y resistente que sea.

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