Juan Luis Anes, Yayo Fit: un explorador que se resiste a la trituradora

A esa edad en que muchas personas tienen la autoestima tan olvidada como los ideales, Juan Luis Anes, 59 años y la vida por delante, se reivindica con una marca personal curiosa, Yayo Fit, para devolver el entusiasmo al gentío de 50 en adelante: mental, físico, nutricional. Le avala su condición de explorador en una especialidad que solo acaba cuando te mueres…

¿Hielo? ¿Montaña? ¿Deporte extremo? Nooo. Lo suyo es vivir la vida con la intensidad de los inconformistas. Entre aquel chico de reparto en su primer trabajo a los 14 hasta ese abuelo en forma a los 59, Juan Luis ha sido pintor, yesista, albañil, conductor de autobús, mecánico, ha tenido taller de automoción, carpa de venta de vehículos, equipo de multinivel…

Lo mejor es que no culpa a nadie de sus tropiezos, que los ha tenido: “Cuesta asumir lo que te pasa, es duro mirar atrás, ver algunas cosas y decirte… pero ¿esta vida de mierda la he creado yo? Mi vida es mi responsabilidad”.

Su lado inconformista salió pronto. A los 8 años, en el internado escolar, con su hermano de 5.
—Decidí despreocuparme de los estudios: lo iba sacando, haciendo lo mínimo. Fue un castigo hacia mis padres. Mi tía me contó que mi madre tuvo mucho pesar toda la vida por aquello… Ahora, lo pienso y es sorprendente que mis tres hermanos fueran luego a colegios públicos y yo a uno de pago—.

El gesto ni lo notó ni le recondujo, académicamente. Él se puso a trabajar a los 14, chico de reparto. Sin avisar a los padres.
—Entré por mi cuenta, pregunté y en casa dije: el lunes empiezo a currar. No duré ni un mes, porque encontré otro en el que ganaba más, siempre decidiendo a mi aire—.

Otro momento clave fue cuando se sacó el carné de autobús mientras hacía la mili y se ofreció a un empresario en la boda de un amigo. Le cogieron.
—Y me encontré con 22 años en una ciudad nueva, Móstoles, con una bolsa con ropa y sin saber dónde dormiría esa noche. Calle Concordia, no lo olvidaré nunca, por la zona de San Marcial, allí me alquilaron una cama—.

Fueron 4 meses desesperantes.
—Un trabajo que no conocía, unos pueblos que me parecían todos iguales, Móstoles, Fuenlabrada, Alcorcón… y haciendo una actividad con la responsabilidad de un autocar. No me volví a casa por ese orgullo de tener que admitir a mis padres que me había equivocado—. Y acertó, porque al poco todo empezó a cambiar, esas cosas de la vida. —Casi de una semana para otra me di cuenta de que ya conocía los pueblos, que tenia amigos, empecé a disfrutar de conducir el autocar, y conocí a quien ahora es mi ex mujer, que era monitora en los desplazamientos y con la que he vivido 36 años—.

A los tres años vio que ese trabajo le condicionaba la vida y cambió, una vez más. Volvió con su padre momentáneamente, como hacía en los paréntesis, y de allí pasó a la mecánica -esa pasión por los coches- donde ha llegado a tener un taller propio, 20 años, compatibilizado en parte con un espacio de coches de ocasión, 19 años.
—Y me fui quemando y con la bendita crisis cerró el concesionario de coches y empezamos a ir de mal en peor… y el extra de Herbalife de los últimos 4 años se convirtió en mi modo de vida—.

Y en ello sigue, con Yayo Fit, su master de bioneuroemoción ¡y la bachata!
—Ahora mismo tengo tres pilares en mi vida: nutrición, deporte y desarrollo personal—. Y un montón de amigos. —La gente me reclama cuando prepara cualquier historia: Juanlu, tú vienes no?—. Y él se apunta. Otra experiencia más.

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