Julio Rosa deja un legado: donar médula salva vidas

Con la muerte reciente de Julio Rosa a los 13 años por leucemia me asalta un interrogante: ¿Hay que estar en situación límite para dejar huella? Julio concienció al mundo de que ser donante de médula salva vidas. Lo hizo con su resistencia, su sonrisa… y su vida. Traigo el asunto no para despertar ese buenismo efímero que tanto confunde. Creo que Julio nos puede ayudar a ver un poco más lejos: que ser un disfrutón de la vida está bien, pero que convertirlo en nuestra razón de existir es un desperdicio.

Esto no va de que todo quisque se ponga transcendental, que es mucho peor. Simplemente va de pensar en qué podemos aportar en nuestro paso por la vida y que lo hagamos. Si la vida es una sucesión de problemas que vamos resolviendo (a veces a la tercera o cuarta intentona y a veces ni así), al menos compartamos lo aprendido. En plan: Esta es la regla que a mí me sirve para salir de una nube negra… Esto es lo que yo hago cuando la decisión es complicada… y así.

Sin situaciones límite nos falta claridad, quizás. El niño Julio intuía que cada día podría ser el último y se dedicaba a la misión de que donemos médula. Para mí y para ti también puede ser hoy el último día, por sanos que estemos. Empecemos por diferenciar metas y deseos. Una meta es un objetivo, algo que necesito alcanzar a toda costa. Un deseo es algo que quiero, puede ser un capricho, y a veces es más un impedimento que un impulso. Julio Rosa tenía un objetivo.

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