La determinación de una madre

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Bopsy se muere de leucemia. Su madre, con una determinación más grande incluso que su tristeza, pregunta al niño qué le gustaría ser de mayor. “Bombero”. Esa tarde, la madre se presentó en el cuartel local de los bomberos de su ciudad, Phoenix, en Arizona; habló con Bob, “un bombero que tenía el corazón tan grande como todo el pueblo”, le explicó el último deseo del niño y le preguntó si sería posible que el pequeño diera una vuelta a la manzana en uno de los camiones. “Podemos hacer algo mucho mejor”, dijo Bob: nombrarle bombero honorario durante un día. “Podrá venir al cuartel, comer con nosotros y acompañarnos cada vez que salgamos”. Bob le pidió las medidas del crío y le encargó “un verdadero uniforme de bombero”. Llegó el día y allí estaba Bob en el hospital en busca de Bopsy. Le puso el uniforme y empezó la jornada ¡con todo el equipo! El pequeño ayudó incluso a conducir el camión de vuelta al cuartel. Hubo tres alarmas ese día y el niño salió de bombero en todas y le grabaron un vídeo para el informativo local.

Ver realizado su sueño, más el amor y la atención que recibió, hicieron que Bopsy viviera tres veces más de lo que ningún médico hubiera creído posible. Así y todo, una noche el niño empezó a deteriorarse de forma alarmante. La jefa de enfermeras, que defendía la idea de que nadie debe morir solo, avisó a todos los miembros de la familia para que lo acompañaran. Y al recordar el día maravilloso que pasó Bopsy llamó al jefe de Bomberos para preguntarle si sería posible enviar al hospital a un bombero uniformado para que acompañara al niño en sus últimos momentos. “Podemos hacer algo mejor: Cuando oiga las sirenas y vea los destellos de las luces, anuncie por los altavoces que no hay un incendio, que es solo que el personal de Bomberos viene a ver a uno de sus miembros más valiosos. Y no olvide abrir la ventana de Bopsy”. A los 5 minutos llegó el camión: extendió la escalera hasta la ventana del niño, en la tercera planta, y por ella subieron los 16 bomberos. Con permiso de la madre, uno a uno fueron abrazándolo y diciéndole cuánto lo querían y valoraban. Bopsy, con el último aliento, preguntó al jefe: “¿Ahora ya soy un bombero de verdad?”. “Claro que lo eres”, confirmó el jefe. Entonces Bopsy sonrió y cerró los ojos. Quería compartir con vosotros esta conmovedora historia de Jack Canfield y Mark V. Hansen. Disfrutad de octubre.

Daniel Martín
Editor de Vértigo

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