La gran crisis: Vemos lo que nos han enseñado a ver

La gran crisis no es la económica: esa te pilla siempre de sopetón, por más que avise, como la zapatilla voladora de las madres de antaño. La gran crisis es de percepción: nos creemos que el mundo y la vida es eso que algunos te dicen que es: vacaciones, hipotecas (mileurista, tú también puedes tener un cochazo y vas y te lo compras), un trabajo que no te gusta (y que echas de menos cuando se acaba) y unas rutinas que parecen de otro.


Nos parecemos cada vez más a esas moscas a las que encierras en un frasco grande con tapadera durante unos minutos: al quitarle la tapa el 99,99 por ciento de las moscas cree que no puede salir del frasco. Y no sale. Eres una mosca que se queda presa, creyendo que el límite del universo es ese, el frasco, tu frasco. Hay excepciones, una de cada 100 que se las arregla para salir, pero es insuficiente.

Despierta. Ves lo que te han enseñado a ver: tu familia, tus maestros, tus colegas… y unos medios de comunicación social cada vez más escorados y manipuladores. Y con toda esa madeja has generado unas creencias que te dejan vivir o no, respirar, atreverte, quejarte, lamentarte.

No te creas ciegamente lo que dice nadie. ¡Pero si el más despabilado no capta ni la millonésima parte de los estímulos que tiene alrededor! Huele, oye, toca, gusta por tu ti mismo. Por tu cuenta.

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