La Ley de la Victoria

¿Queréis saber cuál es nuestra meta? La victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar del terror, victoria, aunque el camino sea largo y duro, porque sin victoria no hay supervivencia. Winston Churchill

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Los líderes victoriosos tienen algo en común: la incapacidad para aceptar la derrota. Les resulta inaceptable lo que no sea ganar y averiguan lo que debe hacerse para lograr la victoria. Con todo lo que esté al alcance. No cabe plan B.

En los momentos de presión, los mediocres se desinflan, y los líderes dan los mejor de sí. Por eso, los conformistas evitan cualquier prueba y los líderes buscan desafíos. Tiene certidumbres que les dan poder; se dicen: “El liderazgo es responsabilidad”, y se ponen a ello. “Perder es inaceptable”, y actúan. “La pasión es insaciable”, y la mantienen. “La creatividad es esencial”, “renunciar es impensable”, “el compromiso no acepta dudas” y, al final: “La victoria es inevitable”.

El gran motivador John Maxwell lo llama La Ley de la Victoria. Se puede ver en acción en las gestas deportivas y también se aplica a la empresa, las organizaciones sin ánimo de lucro y más. La victoria, en equipo, tiene tres componentes: Unidad de visión, diversidad de destrezas y un líder capaz de potenciar a su equipo.

La Ley de la Victoria exige “mentalidad de guerrero”, es decir, deseo de ganar, no solo de sobrevivir. Si emprendes lo que sea con la creencia de que “es inaceptable cualquier cosa que no sea el éxito”, te mantendrás enfocado cuando ya nadie lo está. De hecho, los líderes victoriosos evitan el plan B, para así seguir ganando, a toda costa. Ellos te interpelan con claridad: “¿Cuánta dedicación tienes a la victoria? ¿Tirarás la toalla cuando se vuelva difícil? ¿Cuál es tu expectativa de éxito?”.

El victorioso convierte la misión en algo personal: compromiso monumental, pasión vital y dedicación incuestionable. Si no lo sientes, hay tres posibilidades: estás en la misión equivocada, en la organización equivocada o no eres el líder de esa misión.

Puedes hacer los ajustes imprescindibles: una lista de cualidades necesarias para las metas y la comparación con los miembros del equipo. Ah y pregunta al equipo qué les importa, qué quieren alcanzar, cuál es su propósito. Porque lo tuyo es comunicar una visión clara, creativa y continua hasta que todos caminéis en la misma senda, al mismo ritmo. ¡A por ello!

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