La peor fantasía

“La lección más importante que el hombre puede aprender en vida no es que en el mundo existe el miedo, sino que depende de nosotros sacar provecho de él y que está permitido transformarlo en valor”. Tagore.

El miedo es vital. Solo cuando se lleva al extremo resulta contraproducente. No sirve con evitarlo. Ni vale con pedir ayuda o protección. Es mejor aceptarlo, ¡y utilizarlo! para convertirnos en valientes. Propongo, con Nardone, enfrentar el miedo con un miedo más grande. De hecho, el valor no es más que el miedo derrotado. El valor no es la ausencia de miedo. Al contrario: solo un inconsciente -o un mentiroso- no tiene miedo.

La condición previa para ser valiente es haber tenido miedo. Te lo dicen quienes flirtean con el riesgo a diario. Suelen ser personas que dan importancia a sus sensaciones de miedo, y eso es precisamente lo que les permite superar los límites. Porque los miedos son grandes limitadores. Y son invasivos: se adueñan de tu vida.

Nada de huir

De lo que van estas líneas es de transformar debilidades en puntos de fuerza. Usar el miedo. Para responder, esquivar y hasta contraatacar. Empieza oponiendo al miedo un miedo más grande. Imagina que estás en medio de una multitud y te empiezas a sentir agobiado; tendrás la tentación de huir; ante la idea escapaste podrás imponerte otra: si me largo, todo irá a peor, porque a la próxima multitud ni podré caminar entre la gente.

La orientación al miedo más grande nos permite afrontar una situación concreta y demostrarnos que somos capaces de superar una dificultad. Es romper la cadena del miedo que puede derivar en patología. Ovidio decía que el miedo nos vuelve audaces. Si lo usamos a favor.

Torcer para enderezar

Hay una forma de autoengaño estratégico que es la peor fantasía. La tarea va de evocar nuestro miedo mayor en un entorno controlado. Transformará lo que percibimos como peligroso en algo manejable. Es un juego mental para transformar la mente miedosa en mente atrevida. Para ver el día tengo que atravesar la noche. Arquímedes lo mostró a su modo: en el agua y demás fluidos, a un empuje hacia el fondo le corresponde una reacción en sentido opuesto, hacia
la superficie.

Los chinos retuercen aun más las cosas cuando quieren enderezarlas. La peor fantasía va de entrenar voluntariamente miedos y las reacciones. Porque aumentando voluntariamente el miedo, el miedo se reduce. Amplificando las percepciones de amenaza, las amenazas se reducen. Alimentando las sensaciones de malestar, se reducen. Paradójico y cierto.

Tarea

El ejercicio consiste en retirarse cada día a la misma hora a una habitación en la que puedas estar solo. Programar el temporizador del móvil para que suene en 20 minutos. Ponerse cómodo y voluntaria y deliberadamente evocar mentalmente las peores fantasías. Piensa en que estás lejos, lejos de tus lugares seguros, a punto de perder el control, que tu corazón empieza a latir desordenadamente, déjate llevar por todo aquello que te pase por la cabeza. Si quieres gritar, grita. Si quieres llorar, llora. Si te apetece saltar, salta. Eso sí, cuando suene el temporizador, páralo y se acabó. Te vas a enjuagar la cara y vuelves a lo que tengas que hacer. Lo normal es que te resistas a probar, pero hazlo porque tendrás extrañas sorpresas.

Lo común es que los fantasmas evocados se desvanezcan con solo tocarlos. Que tu reacción sea relajarte y estar sereno, al mirar a la cara a lo que te aterroriza. Es bueno ser conscientes de nuestras capacidades y recursos. Es “aumentar el miedo para reducirlo”. Y con el tiempo ir reduciendo el tiempo de la “peor fantasía” hasta dejarlo en 5 minutos de evocar fantasmas y de hacerlos desaparecer. Eso hacemos en el Club de los Optimistas. Evocamos fantasmas y los hacemos desaparecer. Nos liberamos de cadenas. Y a partir de ese momento todo lo mejor puede ocurrir.

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