La pesadilla del atropello y otros errores fatales

La pesadilla del atropello está en el inconsciente colectivo. ¿Uno puede ser bueno y prudente en todo lo que hace en la vida y equivocarse fatalmente en un mal día? El último atropello mortal ha sido en Parla, pero hay conductores homicidas en potencia cada día en Móstoles, Fuenlabrada, Leganés, Alcorcón, Getafe, Arroyomolinos, Majadahonda… En el caso de Parla hay una «maldad intrínseca»: la fuga.

Será que solo nos damos cuenta del peligro cuando la fatalidad lo pone en evidencia. A veces además se suman otras conductas reprobables: la irresponsabilidad del conductor que se fuga y que ya está detenido, la irresponsabilidad del padre que lo encubre con una denuncia falsa de robo…

Por cierto, hay un conductor homicida en potencia en cualquiera que conduce demasiado aprisa en la ciudad, cualquiera que se despista con el móvil al volante, que gira la cabeza un instante porque los niños discuten atrás, que circula como ausente pensando en sus cosas, que conduce habiendo bebido alcohol…

Uno de esos conductores homicidas, de 23 años, arrolló con el coche a una mujer de 55 en la tarde de Reyes en la calle Cerro del Ruba, en Parla. La dejó inconsciente con un traumatismo craneoencefálico y diversas fracturas por todo el cuerpo. Digo la dejó porque el automovilista se dio a la fuga, en lugar de socorrerla. Cuando la UVI Móvil del Summa 112 llegó al lugar todavía pudo entubar a la mujer y la trasladó a toda prisa al Hospital Doce de Octubre. Pero las lesiones eran mortales y la mujer falleció al poco de ingresar.

La grabación de las cámaras de seguridad de una gasolinera cercana ayudaron a la policía nacional a descubrir al autor del atropello. Y también contribuyó la denuncia sospechosa de robo de un vehículo, denuncia falsa que hizo el padre del conductor por encubrir la conducta de su hijo. La policía interrogó al joven y el conductor confesó el atropello.

La reforma del Código Penal en materia de imprudencia en la conducción de vehículos ha contemplado el delito de fuga o abandono del lugar del accidente incluso para casos de atropello fortuito. La pena es de hasta 4 años de cárcel, que pueden convertirse en 9 según los casos, por los delitos adicionales. La ley habla de “maldad intrínseca” en la exposición de motivos, para quien es capaz de abandonar a quien puede estar herido o puede fallecer por un atropello.

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