La suerte, la sombra y el perro de Schopenhauer

Conocí a un tipo obsesionado con atrapar a su propia sombra. Daba un paso o dos hacia ella, y la sombra se retiraba. Le ponía más empeño y ritmo al movimiento, y nada: que la sombra seguía esquiva. Ni corriendo conseguía atraparla.

Hasta que un día, el interfecto, harto, cambió de dirección: decidió darle la espalda a la sombra y perderla de vista. Según avanzaba, de reojo miró a ver dónde se había quedado: la sorpresa fue que la sombra le seguía ahora a él.

Dicen que la suerte nos trata de una forma similar. Cuando intentamos atraparla con toda nuestra fuerza, fallamos y, tras varias intentonas, empezamos a preocuparnos. Salvo algunas personas, que, según todas las apariencias, pierden de vista a la suerte, se despreocupan, la ignoran… y es la suerte la que se empeña en perseguirles.

Esta fábula de Krilov sobre la buena fortuna es aplicable a la amistad: haz saber a todos tus cercanos que ahora y siempre podrás prescindir de su compañía. Saber eso consolidará vuestra amistad. Un poco de desdén incluso, será muy útil: valorarán más tu compañía.

De hecho, debes ocultar lo que piensas a aquellos a quienes valoras especialmente. La amistad perdurará.

Schopenhauer decía: “¡Si un perro no soporta ser tratado con demasiada gentileza, no digamos ya un ser humano!”.

Envía un comentario