La vida por delante

“Tienes toda la vida por delante”, decimos cuando animamos a alguien a hacer algo sin presionar demasiado. O cuando nosotros mismos nos queremos tranquilizar. Incito, sí, pero solo un poquito. ¿Ilusión o trampa? Desconocemos lo que va a durar nuestra vida, por lo que es crucial apreciar el valor del tiempo: cada instante es precioso, vamos a aprovecharlo. Evitemos dejar para el futuro aquello que intuimos esencial. No, no hablo de patalear de impaciencia, sino de evitar las distracciones.

Si apreciamos el valor de la vida, y recordamos que no es permanente, hasta la muerte al fondo nos servirá de impulso. La muerte como calidad de vida. La muerte como recordatorio de la fragilidad de la vida y de que hoy mismo es el mejor momento para convertirnos en mejores personas y aportar a la felicidad propia y de los demás.

La vida por delante… hace que nos aferremos a cosas como si fueran a durar para siempre. Falso. El cambio está en nosotros y en la naturaleza de las cosas, y hoy es el mejor momento para examinar en lo más profundo lo que cuenta de verdad en mi vida. Para hacer fructífero todo lo que me quede.

Los sabios de la vida dicen que si nos dejamos llevar por los caprichos instantáneos será imposible obtener algo perdurable. Que nos encanta enmascarar los que nos frustra de nuestra vida con actividades continuas, experiencias, obsesión con el éxito y los bienes materiales. Y al final la realidad emerge con su tanda de sufrimientos, y uno muestra lo que es y ve que la felicidad no era eso. Evolucionemos. Cambiemos al menos nuestro modo de percibir lo que pasa.

El presente es lo único continuo. Vivámoslo con lucidez, atentos a cómo hacemos cada tarea. Sin películas mentales. Desde hoy.

 

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