Las raíces humildes de un colegio de excelencia

“Quien no tiene fantasía para soñar nunca hallará fuerza para luchar”

Juan Yagüe tenía un sueño. “Ahí es donde compré la parcela; algún día haremos un colegio”, les decía a sus hijos pequeños y a su mujer cuando volvían los fines de semana de un pueblo de Segovia. “Ahí” era el lugar donde el 15 de septiembre de 1985 se inauguraría el Colegio Privado Internacional Eurocolegio Casvi, en Villaviciosa de Odón. O sea que lo consiguió. Aquel segoviano que llegó a Madrid con 200 pesetas, lo puesto y una gabardina (gabardina que regalaría al poco a un paisano más aterido que él en Madrid), cumplió su sueño. Aquel joven, duodécimo de 13 hermanos de una familia de labriegos, se plantó en Madrid sin miedo. Tenía necesidad y sobre todo un bagaje que le daba confianza, una formación sobresaliente en Humanidades, Filosofía, Teología, y hablaba el latín con la fluidez del castellano. Tenía dotes para la enseñanza y muchas ganas de trabajar. De hecho, al poco de llegar consiguió empleo en los Salesianos por un anuncio en el periódico y demostró ya su capacidad de sacrificio y esfuerzo: “Me ofrecieron, a cambio de una habitación y pensión completa, estar pendiente del internado y así lo hice, con lo que me levantaba a las cinco o las seis de la mañana y era el último en acostarme, trabajaba 18 horas al día”.

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Con esa actitud de sembrar y recoger, sembrar y recoger, pronto le florecieron las oportunidades: un colegio en el Paseo de Extremadura primero, que llenó de alumnos y donde él hacía todo lo que era necesario, incluido fregar el centro al cerrar, que todo ahorro era poco. De allí se trasladó luego a Alcorcón, en plena ebullición de los hijos de todos los que se habían mudado a Madrid en busca de oportunidades desde los pueblos. Con ilusión, verdad y su reputación de hombre de bien consiguió acondicionar como colegio los bajos de unos edificios en Alcorcón; “firmé 120 letras”, no lo ha olvidado. Pronto tuvo 800 alumnos. Y dice que él sólo es empresario “por accidente”…
Su hijo Juan Luis, hoy director del Colegio Privado Internacional Eurocolegio Casvi y de Casvi Boadilla, se crió en ese espíritu de superación. “La necesidad nos espabila”, resume; y el padre apostilla: “Cuando la boca te pide pan, la inteligencia se agudiza”. Juan Luis es ingeniero en Informática, MBA por el Instituto de Empresa y recuerda como “una gran experiencia” los tres o cuatro años en que trabajó fuera de la empresa familiar, en sectores ajenos a la enseñanza. “Se lo recomiendo a todas las empresas familiares: saber lo que es tener un jefe que no es tu padre y defender los proyectos; me parece un error que entren las segundas generaciones de la familia sin más”. De todos modos la familia es esencial en la historia de los Yagüe y Casvi. En su cultura de empresa está “cubrir todo lo posible con gente propia”. No es extraño ver cada julio al equipo humano de Casvi, empezando por la dirección, en ropa de faena preparando todo para el curso siguiente. Juan Luis recuerda la primera red informática del colegio. “La monté yo. Pedimos presupuesto y nos costaba 1 millón de pesetas del año 1995, mucho dinero para 35 puestos; así que compré todo y con ayuda de un conserje manitas lo conseguimos montar por 100.000 pesetas”. Una de sus máximas es “hacer las cosas sencillas y hacerlas nosotros”.
Polivalencia, disposición.

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Padre e hijo predican el ejemplo como “la mejor herramienta educativa”. Y el mirarse a uno mismo en lugar de desfondarse en la queja. Calidad, sacrificio y trabajo. Eso garantiza la competitividad. Justo lo que les enseñan a los alumnos con programas tan extraordinarios como los auspiciados por la Organización Bachillerato Internacional que se desarrollan en el colegio. Es mucho más que hablar una lengua extranjera; se trata de “romper barreras mentales, estar preparado para competir en este mundo global con gente de cualquier parte del mundo”, explica el director.

Les pregunto por los alumnos, por si hay muchas diferencias entre los de hace unos años y los alumnos de hoy. “Lo mejor del colegio son los niños: son esponjas. Ellos no han cambiado, han cambiado sus circunstancias”, coinciden. Tampoco ha cambiado el colegio en lo esencial: “Somos un colegio con mucha personalidad y lo que es bueno lo defendemos nos cueste lo que nos cueste”. De cierre, les pido una definición de lo que es Casvi, qué es esa institución que tiene hoy 3.000 alumnos entre su colegio privado de Villaviciosa y su concertado de Boadilla. “Casvi es exigencia y comprensión”, dice el fundador. “Y trabajo y familia”, añade el director.

Daniel Martín

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