Lo que NO sabemos

Lo que conocemos está sobrevalorado. Y el azar infravalorado. Se elogia lo obvio. Y se arrincona lo raro. Es la dictadura de lo-normal. De los casos corrientes. Sin embargo las historias de todos nosotros, de los demás, del mundo, se construyen a choques y zancadas. De hecho, si quiero saber el carácter y los principios de alguien debo fijarme en sus momentos difíciles, cómo los lleva.

Urge imaginación. Para aceptar lo improbable. Y ponerlo a favor: si no sé lo que puede pasar, me voy a atrever, en lugar de pensar que todo está trillado, las cartas marcadas, y quedarme esperando las oportunidades en otra vida. En El cisne negro Nassim Taleb cuenta que nos tomamos demasiado en serio lo que sabemos. Y que obedece a nuestra falta comprensión de las sorpresas, de la probabilidad de que haya cosas inesperadas.

Salirse de lo común: es la cuestión. Y romper la ilusión de comprender. Todos pensamos que sabemos lo que sucede en el mundo. Y el mundo cada vez es más complicado y gloriosamente aleatorio. Es una época de postevaluadores: santones audiovisuales que analizan lo que ya ha ocurrido, porque las cosas parecen más evidentes y ordenaditas con el espejo retrovisor. Y ahí estamos con conflictos que eran para dos días y que duran mucho más. Como fracasados con mucha salud. Con triunfadores que huelen a muerto. En fin.

Taleb muestra un dúo terrorífico: explicaciones convincentes a sucesos inexplicables. Atrévete a dudar de lo que los santones laicos entienden. Ni todo es comprensible, ni todo es explicable, ni mucho menos predecible. La vida es emocionante, aunque no la entiendas.

Envía un comentario