Lo que te hace más fuerte, si no te mata

Poco hay que nos guste más que un campeón lloritabundo, mirando al cielo y recordando a un familiar muerto, o saber que el futbolista, que hoy conduce supercoches de 1 millón, comiera en la infancia de lo que le sobraba a una hamburguesería cada noche. Anécdotas aparte, el caso del jugador de baloncesto Ricky Rubio ha mostrado a un imperturbable en toda regla: la fatalidad en forma de madre enferma que caai hace que se retire pero que finalmente logra que se quede y triunfe.

Los frágiles se van a la lona con un simple soplido adverso. Los sólidos resisten los golpes de la vida y ya. Pero hay una tercera categoría, la de los imperturbables: que se hacen más fuertes con los embates traicioneros del azar. Tal que Ricky Rubio, reciente campeón del mundo con la Selección Española de Basket. A estas alturas todos sabemos que su madre se llamaba Tona, y que le ayudó a hacerse más grande con su presencia cuando despuntó el chaval y con su ausencia cuando los plañideros ya decían que era otro talentazo que no cumpliría las expectativas. A miles de kilómetros de distancia, en Minnesota, Ricky sufría no pudiendo cuidar de su madre enferma de cáncer. Ella, contundente, le empujó a seguir, cuando él quería dejarlo todo. Y eso le hizo invencible. Bueno eso y la meditación y las lecturas a saltos.

La meditación, sin virguerías ni trascendentalidades, te ayuda a conectar con cada instante. Puedes hacerlo caminando, lavando los cacharros del fregadero, quitando la mesa… Cada vez que tus pensamientos te llevan a guano, tú te agarras a lo evidente: a ese vaso que recupera su brillo, a la mesa, una persona que te sonríe al pasar. No hace falta ser un campeonazo para tenerlo todo y disfrutar de lo pequeño. Uno de los grandes momentos de tu día puede ser que pases al lado de dos mujeres que sonreían viendo lo cómo me saludaba al pasar su niño con síndrome de Down. No necesitas más.

No necesitas tanto para realizarte: empieza con ser capaz de abstenerte de aquellos bienes cuya privación debilita a la mayor parte y cuyo disfrute lleva a los otros a abandonarse. Sócrates lo hizo. Y Marco Aurelio.

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