Lobo Solitario y los coyotes

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En el libro “Negociar es fácil, si se sabe cómo…”, el autor, Alejandro Hernández, relata la peripecia de Lobo Solitario. Este joven indio de la tribu kiowa salió un día a cazar al gran bisonte. Quería que todos supieran que era un gran cazador. En efecto, consiguió derribar un bisonte macho de 400 kilos, lo ató al caballo y se puso en camino de retorno. Al poco, asomó un coyote de entre la maleza. Lobo Solitario sabía que era una batalla perdida pelear con un coyote hambriento. Así que se le ocurrió cortar un trozo del bisonte muerto y se lo lanzó lo más lejos que pudo y lo dejó ahí devorando mientras él se apresuraba en dirección a casa. Cuando creía que estaba salvado y con el camino despejado, se le apareció el coyote anterior ¡acompañado de otros dos! Lobo Solitario se resignó: sacó el cuchillo, cortó un pedazo de carne para cada uno y se los echó todo lo lejos que pudo. Se puso en ruta rápido, pero el caballo estaba cansado de arrastrar el bisonte, todo iba más lento de lo deseable, y… cuando ya tenía la aldea a la vista miró hacia atrás y se sorprendió de que lo acompañaban ¡cinco coyotes! Les arrojó filetes para todos. Y entonces aparecieron ¡10 coyotes…! Lobo solitario se dio cuenta de algo: cuantos más filetes lanzaba, más enemigos aparecían.

En negociación dicen que cuantas más concesiones hagas al otro, más te pedirá. Volviendo a Lobo Solitario: cuenta la leyenda que al llegar a la aldea el jefe le reprochó: “¡Has enseñado a los coyotes que cada vez que quieran comer carne de bisonte no tienen más que atacar a un indio a caballo! ¡Y les has enseñado el camino a nuestra aldea!”. La generosidad, tu generosidad, no se contagia, quizás convenga recordarlo…

Daniel Martín

editor de Vértigo

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