¡Más pasión y menos tricotadoras!

“¿Quien está a cargo de esto? Ni idea, muchos creen estarlo”. Esta frase escuchada al vuelo resume el espíritu de nuestro tiempo: falta pasión y sobran tricotadoras. Faltan personas que hagan las cosas como hacemos eso que llamamos vivir: “¿Para qué vives? Ni idea, pero vivo”. Y sobra esa gente que hace punto mientras ve correr la sangre de otros, como las tricotadoras en la época de la guillotina. El día en que el millón largo de personas que vivimos en el sur de Madrid nos apasionemos juntos por algo… cambiaremos el mundo.

De momento, preferimos apasionarnos contra algo o contra alguien. Que el “efecto Greta” saca a miles de personas a las calles de Madrid a acordarse del planeta, pues desde casa otros miles odian a la niña, a los que salen y hasta al planeta, sin darse cuenta de que la adolescente ya no es más que un holograma, es un símbolo, y que lo importante es la pasión.

—¿Qué dirías que es el ballet?”— pregunta un gran director a una mujer.
—Es poesía en movimiento— dice ella, usando alguna frase de otro.
—Para mí es mucho más: es una religión— remata él.

Cuando la pasión se convierte en religión, vamos mal. Y quizás eso esté pasando con el efecto Greta, con la política, con el ocio, con la vida.

Viendo a una cría sin repertorio convertida en rockstar, me acuerdo de aquella chica que quería ir al baile y que se puso las zapatillas rojas. Se sentía feliz. Al acabar la noche, estaba cansada y quería irse a casa… pero las zapatillas rojas no estaban cansadas. No se cansaban nunca.

Las zapatilla rojas sacaban a la chica bailando a la calle. La hacían bailar por las montañas y los valles. Día y noche. El tiempo pasa volando. La vida pasa volando. Pero las zapatillas siguen bailando.

—¿Y que pasa al final?—
—Bueno, que ella muere…—
—Es verdad ya no me acordaba.

¿Os imagináis al millón largo de personas del sur de madrid apasionadas por algo y juntas a conseguirlo? De momento las que salen tricotando son las de un pueblo cuyo nombre he olvidado y que se han juntado para hacer un árbol navideño altísimo de punto. Y han salido en la tele. Salir en la tele es una pasión antañona, pero que sigue gustando mucho. Aunque sea para que te trituren cuatro jurados mediocres, como en ese concurso de la cadena alegre.

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