“Me haré uno”

Fue en el año 1984. Siendo un niño asistí a mi primer concierto de órgano electrónico, y cambió mi vida. Jamás había visto un órgano tan espectacular: el buque insignia de la principal firma de órganos del mundo. Al saber su precio prohibitivo, tuve una reacción un tanto extraña: “Me haré uno” pensé, como si fuera tan fácil. Este pensamiento dejó mi cabeza cuando mis padres con un colosal esfuerzo me compraron no aquel órgano tan espectacular pero sí otro con el que pude completar mi formación musical. No obstante, esa idea de “me haré uno” nunca debió desaparecer del todo, pues, aunque con el tiempo he tocado en los mejores órganos electrónicos del mundo, todos han terminado desilusionándome. Un órgano electrónico imita cualquier instrumento pero ¿por qué ino hacer que cuando toque una tecla suene la muestra auténtica de ese instrumento? ¿Por qué los órganos tienen solo dos teclados, o tres en el mejor de los casos? ¿Por qué están tan separados los teclados que no puedo tocar con comodidad dos teclados a la vez con una sola mano? ¿Por qué no puedo configurar a mi gusto las teclas y botones del órgano? Demasiados porqués, y al final una respuesta: los órganos los diseñan ingenieros y los fabrican las empresas, pero ellos no los tocan. ¿No sería mejor si lo diseñara y lo fabricara alguien que se dedica a tocarlo?
Así que de nuevo esa idea en mi cabeza: “Me haré uno”. Afortunadamente crecí en una época y en una familia en la que no existían los videojuegos, ordenadores, etc, y, por nuestra situación económica, si quería un juguete me lo tenía que hacer yo, casi siempre a costa de desmontar y reutilizar los juguetes de mis hermanos.

foto organo adictos
¡Pues lo hice! El órgano con el que he soñado toda la vida. Un órgano con cinco teclados y un total de 296 teclas. Con todo tipo de controles y situados donde un organista los puede tocar y no donde un diseñador ha decidido que quedan mejor. Y lo más importante, con muestras auténticas de los mejores instrumentos que se encuentran en las mejores orquestas del mundo. Hace tiempo pensaba: ¡Imagínate tocar con los sonidos auténticos de la Orquesta Sinfónica de Viena o de Berlín o de New York, y que suene como si estuviera tocando en la Casa de la Ópera de Sidney o en el Royal Albert Hall de Londres! ¡Imagínate poder actualizar el órgano con cualquiera de las librerías futuras de estas u otras orquestas! El 23 de diciembre de 2015 deje de imaginar y me puse manos a la obra. Ya no tengo que imaginar, este órgano lo hace realidad.
En poco tiempo lo presentaremos con un concierto de los que habitualmente hacemos en mis escuelas de música.

Javier Morillo, fundador Adictos a las Teclas

Adictos a las teclas

www.adictosalasteclas.com

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