Mezclas lo que ves y lo que opinas y ¡bum!: sincericidio

“¡Ultra!”. “¡Feminazi!”. Hay un cóctel explosivo que se está haciendo familiar: mezclar lo que ves con lo que opinas y soltarlo. Se llama sincericidio, es peligroso y no conduce al entendimiento, precisamente. Por cierto, la sinceridad es otra cosa: es no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.

Lo traigo al hilo de algo que pasó ayer en Móstoles. ¿Qué pasaría, si en vez de tanto sincericidio de partido, ayer en Vox hubieran pensado en las personas que sufren violencia (mujeres y hombres)? Quizás Móstoles no se habría quedado sin Declaración Institucional contra la Violencia de Género, después de tantos años de consenso.

Porque yo mismo, que soy hombre y no he maltratado a nadie en mi vida, no me considero ofendido por que lo llamen violencia machista o porque se hable en noviembre solo de mujeres: son ellas las que llevan muchos años y muchas muertes, y espeluzna pensar en lo que pueden aprender nuestros hijos de una mala lectura de estos tiempos. A quienes conocemos a alguna superviviente de la violencia de género se nos hace un nudo en el estómago y en la garganta simplemente al escribir de estos asuntos.

Dicho esto, ¿Y si en el PSOE, Podemos y Más Madrid-Ganar Móstoles hubieran pensado en el diálogo que acertadamente propugnan como posibilidad siempre? ¿Se habrían salido del salón de plenos para no escuchar lo que decía el portavoz de Vox? Levantarse y dejar con la palabra en la boca a otro miembro de la Corporación elegido democráticamente no es escuchar, ni dialogar, por más que romper un consenso de años pudiera merecer un reproche simbólico.

Habría sido magnífico escuchar en el pleno más preguntas que certezas: ¿Discutes conmigo o intentas entender mi visión? ¿Vamos a intentar convencernos mutuamente de que llevamos razón o vamos a escucharnos y evaluar los puntos de vista del otro para llegar a la verdad?

La superviviente de los campos de concentración nazi Etty Hillesum nos muestra en su diario su manera de conducirse, en circunstancias adversas:

“No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus acciones. Lo que realmente importa en lo que pasó esta mañana no es que un joven oficial de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, haya procurado comprenderlo y hasta me hayan entrado ganas de preguntarle:

¿Fuiste infeliz cuando eras niño? ¿Tu novia te decepcionó?

Sí, el joven tenía un aire atormentado, de víctima, estaba triste, parecía sentirse débil. Habría querido empezar a ayudarlo en ese mismo momento, porque sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás”.

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