“Mi familia y mi colegio lo han sido todo para mí”

Paco Rodríguez, socio fundador del colegio Villaeuropa

“Mi familia y mi colegio lo han sido
todo para mí”

Paco Villaeuropa 2

Imagina que llegas un día al trabajo de tu vida, que alguien te lleva como de forma casual hacia el pabellón deportivo y que, de pronto, suena tu canción preferida -“Mediterráneo”, de Serrat- y que decenas de alumnos, profesores y otro personal te aplauden con fuerza y emoción. Le sucedió hace poco a Francisco Rodríguez, socio fundador del colegio Villaeuropa, en Móstoles. Paco, como todo el mundo lo conoce en el centro, se jubilaba. Cerraba una etapa “maravillosa” de su vida. Y el colegio de sus amores le homenajeó de corazón. En realidad Paco se prejubiló 4 años antes, pero siguió acudiendo al colegio cada día, “con la ilusión y las ganas de siempre”. De hecho, retirado y todo, aún pasa por el centro un día a la semana “para ayudar en lo que sea, o simplemente para ver cómo están”. “No me aburro, vengo un día a la semana porque no quiero desconectarme por completo; mi familia y mi colegio lo han sido todo para mí”.
Paco, gaditano de La Línea, habla con pasión de los inicios en la cooperativa educativa, de aquellos días “de euforia” hace 32 años. Se enteró por una amiga común de que en Móstoles había un proyecto escolar y allá que acudió desde Getafe, su segunda tierra. “Formamos un grupo de 21 personas y hemos estado muy unidos en todos estos años; yo he sido el tercero en jubilarme; de entonces me gustó que había bastantes jóvenes y también experiencia, que había planes para crecer, y que sabíamos lo que íbamos a hacer, y ¡lo hicimos!”. Ahí está el colegio Villaeuropa para atestiguarlo, con 30 años de experiencia y en constante evolución.
“Fueron años de ilusión, de ver crecer el proyecto ladrillo a ladrillo, desde aquellos bajos iniciales hasta el espacio donde estamos ahora”, recuerda. Paco se había formado en Maestría Industrial, por la vía de la FP y, muy interesado en la docencia, lo completó con Magisterio y, más tarde, con Pedagogía; ya estaba casado, tenía un hijo y recuerda con una sonrisa aquel único examen que se perdió por el nacimiento de su hija.
Paco ha sido casi durante las tres décadas el orientador del colegio y de esa labor constante y callada con alumnos, padres y profesores le queda un afán por contrastarlo todo, por no quedarse con una interpretación o con un solo testimonio. Y el interés por quedarse con lo positivo, y solucionar lo que falle. De hecho, él dice que “todos los colegios son buenos”. Y habla de las particularidades del suyo, de “la implicación y la estabilidad del profesorado, las ganas de superación, de hacer cada día mejor las cosas dentro de lo posible, la dedicación total al cuidado de los alumnos, la innovación”. Todo con el objetivo de que “los alumnos y sus padres se sientan a gusto”. “¿Lo hemos conseguido? Eso hay que preguntárselo a los aludidos”, apostilla Paco quitándose importancia, con credibilidad.
Hace unas semanas pudo compartir recuerdos con un buen puñado de alumnos del entonces 8º curso de EGB. “Se cumplían 25 años desde que salieron del colegio y para celebrarlo organizaron una comida y nos llamaron a los profesores; tienen ahora 39 o 40 años…
fue muy emotivo”.

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