Mis locos favoritos: Peter Diamandis o Nunca desperdicies un problema

Hay tipos que, cuando te los cruzas, te quedas diciendo: “¿Qué cojo… estoy haciendo con mi vida?”. Dicen que el doctor, ingeniero y empresario Peter H. Diamandis es uno de ellos. Su Fundación, X Prize, tiene un premio de 10 millones de dólares para proyectos que nos acerquen a hacer turismo por el espacio. Y tiene también una compañía que diseña naves para buscar materiales valiosos en asteroides cercanos a la Tierra.

Mientras la mayoría sacamos nuestra mejor cara de póquer al ver un problema, Diamandis los busca. Y no hablo de romper caras, sino de romper esquemas: “Cuando el 99 por ciento de la gente duda de ti, es porque estás completamente equivocado o porque estás a punto de hacer historia”.

Tim Ferris, otro visionario que traeremos a esta galería de locos favoritos, dice que Diamandis te suelta una de esas preguntas que te dejan pingando: “¿Cuál es tu gran meta?”. Y tú, que lo más rompedor que has hecho últimamente es colarte en el transporte público o tomarte un día libre mientras los niños están en el colegio, te quedas ahí ensimismado: ¿Mi gran meta?

Su método para valorar proyectos es “un sistema muy simple: ¿Estás trabajando en algo que puede cambiar el mundo? ¿Sí o no? La respuesta, en el 99,9999 por ciento de los casos, es No”. Y añade: “Creo que debemos preparar a la gente para que sepa cómo cambiar el mundo”.

Entre los conceptos que me atraen de él está el de “supercredibilidad”. Lo explico: todos tenemos un listón de credibilidad para las ideas, para juzgarlas. Si anuncias una idea y está por debajo de ese listón lo normal es que la idea se caiga de bruces, que el público la descarte. Pero si está por encima del listón de credibilidad la gente la abrazarán con ganas. “Y ¿cuándo es eso? Es que yo quiero participar”.

Diamandis se inventó un premio, XPrize. Un premio que fuera inspiración para cambiar las cosas. Él tenía ganas de que alguien lo llevara al espacio a turistear, y pensó en que quizás así podría conseguirlo. Pensó en el caso Lindberg, el aviador que cruzó el Atlántico en su avión para ganar un premio. Para su XPrize, Diamandis pensó en la cifra de la supercredibilidad: 10 millones de dólares. No los tenía, ni sabía cómo los conseguiría. De hecho la X era por la incógnita del nombre del filántropo.

Con pasión, contactos y su afán de buscar problemas fue recolectando: en donaciones de 100, de 1.000, de 10.000 dólares. Y anunció lo de los 10 millones sin tenerlos. De hecho decidió gastarse en el anuncio del premio el medio millón que había recaudado. Ahora entenderás lo de que las ideas rompedoras fueron descabelladas hasta la víspera. Reunió al director de la NASA, al jefe de la Administración Federal de Aviación y a la Familia Lindberg y… ¡salió en las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo!

Año 1996. “¿Quién no querría pagar los 10 millones de dólares cuando alguien ganara el premio?”, recuerda. Pues no fue tan fácil… 150 consejeros delegados fueron rechazando su propuesta en los 5 años siguientes. “Muchas madrugadas a las 3 de la mañana estuve a punto de rendirme”, le cuenta a Ferris en su “Armas de Titanes”. Pero no se rindió. Porque era un objetivo “poderosamente transformador”. Y entonces conoció a la familia Ansari y patrocinó el premio. y, por supuesto, la Fundación XPrize sigue en vigor, y también el Ansari Prize.

Diamandis hace estiramientos durante la ducha matinal y un mantra de afirmación. Pero eso es otra historia.

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